17 mar. 2010

De Pachuca a Huasca y Tula

Lo primero que te preguntan cuándo llegas a Pachuca es “¿por qué veniste a Pachuca, si no hay nada quer hacer aquí?”. Y es cierto, pero no totalmente. Algunos incluso la llaman “Ranchuca” porque en realidad es una ciudad pequeña sin mucho que hacer, pero encontramos en que entretenernos.
Nuestros anfitriones Luis (Lego) y Luis (Sánchez) nos dieron una cálida bienvenida y nos llevaron a comer chalupitas de Pachuca y a conocer los guajolotes, que son iguales a los pambazos sólo que sin salsa adobada.


A la entrada del Museo Nacional de Fotografía. Adentro no tomamos fotos, ¡porque no dejan tomar fotos! ¡En el museo de foto!

Como según el consejo local, lo mejor que puedes hacer llegando a Pachuca es salirte de Pachuca, seguimos el tip, pero antes visitamos en el centro el Museo Nacional de la Fotografía que tiene una colección valiosísima de imágenes en gran formato. Aprovechamos para pasar por el Cuartel del Arte, que es el museo de arte contemporáneo local donde tenían una expo buenísima de Arturo Rivera.





En las boticas de Pachuca ya hay toallas de papel y suero de leche de cabra.

Luego nos enfilamos rumbo al pueblo de Huasca y tras recorrer el pintoresco centro y ser bateados por una ñora que sopes vendía, nos echamos una comida corrida de 30 pesos. De ahí tomamos el camión a San Miguel Regla y luego caminamos unos 4 kilómetros para conocer los Prismas Basálticos, unas formaciones rocosas en forma de columnas en torno a las cuales se han construido un centro turístico y varios hoteles. Lo mejor del paseo fue el recorrido, por el camino vimos caballos, ovejas y hasta una zarigüeya aplastada.

















Feroz guardían de los prismas basálticos.








De regreso nos fuimos de ride al pueblo, porque la última combi salía a las 6.30 y caminando no la hacíamos, y así nos enteramos de que en el área de los Prismas existe un hotel llamado Los Patos en el que por 350 pesos por noche puedes quedarte en un lugar privilegiado por la naturaleza y con alberca. Lástima que no teníamos planeado quedarnos más tiempo ahí. Pero es un buen tip para quien quiera vacacionar de bajo presupuesto y estar en contacto con la naturaleza (chin, suena como comercial. ¡Vive México!).
Por el centro comimos los tradicionales pastes (del inglés pasties, aunque en español se pronuncia como se lee), heredados a los mexicanos por los ingleses que tenian el dominio sobre las minas del lugar. Son como empanaditas. Las más tradicionales son de papa con carne, pero hay de otras cosas como queso, rajas y algo sospechoso bautizado como “crema de pollo”.


Vive en una iglesia en el centro de Tula - sí, es Bob Esponja.

Otro día Luis (Sanchez) nos dio un ride a Tula para conocer a los gigantes, y luego a Actopan con su típico convento y un mercado sobre ruedas que se extiende por todo el pueblo como una mancha voraz.


Camino a la zona arqueológica de Tula.















Ese día cenamos como en familia con Luis, Luis, Carlos (quien también fue un excelente amfitrión con nosotros) y Joul, el perro más cool de Pachuca.
Tuvimos una velada divertida evocando recuerdos de la infancia y tontenado, viendo en YouTube El Buzón de Rogelio Moreno, al Tío Gamboín y al Gato GC.

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