7 oct. 2010

Auf Wiedersehen Alemania.

Después de dos meses en Berlín finalmente llegó la hora de partir. Fue difícil. Esta ciudad donde planeábamos pasar una semana y sobre la que no teníamos ninguna expectativa nos dio nuevos amigos, trabajos, días soleados y la oportunidad de disfrutar algo que ya extrañábamos: una casa.
Aquí aprendimos muchas cosas:
  • Que a los alemanes les debemos la invención del Pritt, el UHU (que por cierto significa búho), los pretzels (que en realidad se llaman brezels, aunque no lo crean), el pastel selva negra y los playmobils, entre otras cosas.


  • Que si hay un pan bueno, es el de Alemania. La variedad es extensa y el pan es pesado y compacto, delicioso.
  • Que el idioma es bastante complejo, desde las mismas palabras, que a veces son larguísimas, por ejemplo “acetona” se dice nagellackentferner (nagel=uña, lack=color, entferner=sacar). Además tienen una palabra increíble para describir el anhelo por destinos lejanos, el deseo por viajar: Fernweh.
  • Que muchos alemanes acostumbran beber cerveza al tiempo. El factor “bien muerta” no figura aquí, les da igual.
  • Que la cerveza puede venir en varios sabores, incluso el exótico plátano, o en mezclas con coca cola o refresco de limón (aunque la más tomada por todos sigue siendo la cerveza normal). Y algo más, es más barata que el agua.

 Cerveza con refresco de limón.
  • Que para los alemanes hacer pipí parado es antihigiénico y asqueroso, en varios baños hay incluso calcomanías que te indican cómo sentarte para hacer pipí.


  • Que en cualquier casa de Alemania siempre hay algo de IKEA, un sillón, una vajilla, un set de cuchillos… es la tienda favorita de todos por ser barata y al mismo tiempo de buena calidad, dicen. La tienda por cierto tiene su sede en Suecia.


  • Que los alemanes usan bolsas de tela, mochilas o cajas para guardar las compras del súper, nada de bolsas de plástico, aquí todo es ecofriendly.
  • Que para curarse la jarra, los berlineses comen kebaps o salchichas a las 2 de la mañana y se hidratan con Club Mate, una bebida alta en cafeína.


  • Que como extranjero puedes arriesgarte a viajar en el metro sin pagar boleto, pero si te cachan (como nos pasó), no hay manera de que juegues a ser el turista distraído: no librarás la multa personal de 40 euros.Nosotros decidimos tomar el riesgo y por varias semanas todo marchó bastante bien, pero un día casi al final nos cayó el checador, que obvio viene de incógnito, sin uniforme ni nada, y nos puso la multa cuando tratamos de darle un boleto de recorrido corto (válido sólo para viajar tres estaciones). Haciendo números, pagando el metro diario hubiéramos pagado muchísimo más que esos 80 euros de la multa, así que finalmente no estuvo tan mal.
  • Que el Kit Kat Club tiene una fama bien ganada. Pasamos una de las noches más divertidas y reveladoras en este lugar en el que puedes ver lo que sea: desde un tipo disfrazado con capucha de verdugo, collar de picos y látigo hasta un hombre ataviado de Cardenal que rola su incensario de mota. La experiencia es tan intensa como lo decidas, porque además de ser un club donde todo (osea, TODO, sí, lo que piensen) se vale es una discoteca para bailar hasta el amanecer.
  • Que Berlín es una ciudad con un magnetismo especial, no sabemos si es por la cantidad de gente joven que la habita, por todas las cosas que hay que hacer cada fin de semana o porque simplemente sientes que puedes vivir la vida como te plazca.
En fin, se acabó Berlín por ahora, pero volveremos.


Bebida horrorosa y azucarada, mezcla de cola y refresco de naranja.


Los cafés que se compran en el piso donde vivimos. De izquierda a derecha, entre más pobre esté la banca, más pinche es el café.


Y dado que es un piso que alberga a muchos viajeros, también es diáctico.


Algunos de los que han vivido ahí (versión Trainspotting).


Detalle de la decoración.


Típica escena berlinesa.






Vendedores de salchichas ambulantes en Alexanderplatz.


Neukölln, donde viven muchos inmigrantes.


Uno de los últimos días nos lanzamos a Potsdam con Guenia y Max.


En el centro de Potsdam está la residencia de caza de Federico Guillermo I. Está conformada por varios palacios y jardines como de cuento.


 
Picnic.




Saliendo de Berlín!



DE BROCHA GORDA EN LEIPZIG
Finalmente dejamos Berlín, pero antes de irnos definitivamente de Alemania, pasamos unos días en Leipzig, en el departamento al que se acababa de mudar nuestra amiga Juana, donde viviría con nuestra amiga Indira, quien llegó unos días después. Les echamos una mano con la pintada y la instalada..





Dándole a la talacha.


Juana y su amigo Hans, el milusos más milusos de la ciudad.


Y que siga y que siga la música.


Hans rock star.


Pastelitos típicos de Bavaria, incluyendo el Selva Negra (der.).


De rol por las calles del barrio de Juana.


















Finalmente llegó Indira con una camioneta llena de cosas.


Fue a inspeccionar su nuevo cuarto y lo encontró muy agradable.


Esa noche, Mariana se lució con una tortilla española.


Mi comadre Indira!


Mi comadre Juana!