24 jul. 2011

Adiós, Monterrey

Y se llegó el día. Nos despedimos de Monterrey –otra vez y tras un breve regreso-. Y para hacerlo, quisimos subir al punto más alto del Cerro de la Silla, el Pico Norte.

El domingo 17 de julio, Aron y yo salimos de casa a las 5:45 de la mañana, con el ánimo intacto y la meta de conquistar la cima de ese cerro que habíamos visto casi a diario durante 12 años. Nunca imaginamos que 16 horas después estaríamos deshidratados, exhaustos y deseando haber obedecido nuestro primer impulso de no salir de la cama ese día.

Pero sí lo hicimos. La invitación era demasiado tentadora, ¡subir al pico más alto! El entusiasmo de los couchsurferos era contagioso, y el mensaje de Cedrick, un francés veinteañero, resultó engañosamente prometedor, decía algo así como que podíamos hacer la subida y la bajada en 5 horas. Qué nos duraba el pinche cerro.

Y fueron cinco horas, sí, pero sólo para llegar a la cima. El ascenso transcurrió cansado, pero emotivo: flores silvestres, ciempiés de un negro lustroso o de un azul pálido, arañas merendándose a alguna presa atrapada en sus redes, el aroma de la naturaleza, la sensación de estar ahí, al fin, con el Cerro de la Silla, uno a uno, pisándolo, subiéndolo, conquistándolo… Y mucha emoción al voltear hacia abajo y ver a la ciudad hacerse cada vez más pequeña o al sentir la brisa helada de esas nubes que la gente cuando las ve desde abajo dice: el cerro tiene sombrero hoy.

De la mitad hacia la cima hay letreros que indican el camino, antes de eso hay que abrir bien los ojos ante las flechas rojas o los puntos de pintura azul que indican la vereda a seguir. Eso sí, hay que decirlo, dos horas antes de llegar a la cima, la pendiente es una mentada de madre, inclinadísima, prácticamenmte hay que subir a gatas en algunas partes.

Finalmente, a las 2 de la tarde lo logramos. Llegamos y respiramos el aire de Monterrey a 1,820 metros de altura. Disfrutamos de la vista, nos tomamos fotos, firmamos el cuaderno que algún romántico dejó ahí a manera de testimonio y en el que todo mundo desfoga los delirios que ocasiona tanto oxígeno en el cerebro. Algunos escriben que el cerro es mágico y le piden deseos, de verdad. Otros se desahogan porque su novia los dejó, y unos cuantos más lo toman como una ventana mediática al escribir cosas como “un saludo a mi mamá”…

Tras una hora de disfrutar la vista y de sorprendernos con la cantidad de verdor que hay detrás del cerro iniciamos el descenso. El grupo de 12 nuevamente se dividió. Ocho emprendieron la avanzada mientras Aron, Héctor, Paco y yo tomábamos unas cuantas fotos más.

Ya desde la subida, Héctor tenía molestias con su rodilla y bajar implicaba un reto mayor que subir, así que todo fue más lento. Bajábamos un tramo y luego lo esperábamos. En algún punto del camino pensó en hablarle a Protección Civil, pero en ese momento pensamos que no era para tanto. Una hora después, nos bebíamos las últimas gotas de agua y empezaba nuestro martirio.

El camino parecía interminable, para cuando dieron las 7 de la noche, más que los mosquitos que ya se habían devorado mis brazos, me empezó a preocupar la oscuridad, qué pasaría si no podíamos ver el camino por el que bajábamos. Encontramos a Andrés a medio camino y nuevamente nos dividimos. Él se quedó con Héctor. Paco, Aron y yo seguimos bajando. Aron, que toma agua todo el tiempo, empezó a sufrir los delirios de la deshidratación, Paco y yo le decíamos que ya sólo faltaban 40 minutos, y cuando esos 40 minutos pasaban, le decíamos otra vez que faltaban 40 minutos, que ya mero.

Por ahí de las 9 de la noche, luego de 14 horas de estar en el cerro, empecé a sentir que la lengua se me pegaba al paladar de lo que seca que estaba, puede sonar ridículo, pero fue la situación más extrema en la que Aron y yo hemos puesto nuestra frágil humanidad. En más de un año de viaje mochileando por el mundo, caminando en carretera pidiendo ride con la mochila a cuestas, nunca sentimos tal desamparo, tal sed y tal hambre. Y parecía no terminar. Es uno de esos momentos en los que realmente piensas qué pasaría si te derrumbaras y decidieras no dar un paso más. Ayudada por un palo que me consiguió el buen Paco bajaba entre la oscuridad y con el zumbido de los mosquitos en las orejas, mientras pensaba qué bebida compraría en el Oxxo, tal vez un seven up, pero no, tal vez era mejor agua natural o un gatorade. Recordé el “Relato de un náufrago” de Gabriel García Márquez y pensé que su descripción se quedaba corta, también pensé en Sabines, cuando escribió “¿Cómo se escribe agua? Se debería escribir haguah, jáguaj... como el que tiene sed”. Aron pensó en Stephen King y “La larga marcha”, pero cuando le preguntamos de qué se trataba nos dijo que estaba muy cansado para contestar eso.

Estábamos al borde del delirio, y Paco nos alentaba, y nos gritaba desde la oscuridad. El cansancio nos dejó poco espacio para disfrutar el atardecer y las luces encendidas de la ciudad, lo que queríamos era estar en tierra firme ya.

Llegamos hasta la base de un río seco, lleno de piedras. Nos desplomamos ahí en los que nos alcanzaban Héctor y Andrés y decidimos esperar por refuerzos. Héctor le habló a Vane quien ipsofacta armó el equipo de rescate y fue a nuestro encuentro.

En un momento de lucidez recordé que todavía tenía una manzana en la mochila, y ésa ha sido por mucho la mejor manzana que he comido en mi vida, la más jugosa, realmente tuve que controlarme para no devorarla completa y dejar algo para los demás.

Lo demás es previsible. Sobrevivimos. Vane, Cedrick y su hermano llegaron hasta donde estábamos con lámparas, agua, gatorade y chocolates. Estábamos a salvo.

Al salir a la calle nos esperaba Protección Civil, estaban sorprendidos de que todos estuviéramos bien. Los siguientes tres días casi no podíamos caminar, pero a una semana de distancia nos sentimos como nuevos. Listos para el siguiente reto. Tal vez uno menos drástico.

A muchos les parecerá exagerado este relato pero si piensan subir al Cerro de la Silla no lo tomen a la ligera, el trabajo físico que exige, al menos para inexpertos como nosotros, es grande.

Nuestros tips para subir el Pico Norte son:

- Llevar zapatos cómodos y aguantadores.
- En verano, llevar ropa fresca, gorra o sombrero y bloqueador solar.
- Ir en grupo, preferentemente con alguien que ya haya realizado el recorrido.
- Llevar al menos 3 litros de agua por persona.
- Llevar también comida, chocolates, frutas y golosinas.

Y bueno, ahora sí, hasta la vista Monterrey, a partir de mañana nuestro hogar será Querétaro, ¡nos vemos allá!


 No hacíamos más que sudar... y apenas llevábamos como una hora.


El equipo tortuga.


Encontramos hongos que parecían hotcakes.




Es cansado.


 

La vista a medio camino.




Desde nuestra posición se veía el Pico Antena, llamado así porque tiene una repetidora de Televisa.




Pero llegamos, maldición, llegamos, y nunca volveremos a ver al cerro de la misma manera.


El grupo completo (foto robada a Héctor).


El cuadernito del delirio oxigenado.




(Foto robada a Vane).




Hambre. Deshidratación extrema. Cansancio. Cae la oscuridad. Empezamos a pensar y decir incoherencias. A volvernos locos. Nunca habíamos tenido tanta sed en la vida - el agua se había terminado horas antes. Bajar es más duro que subir. Finalmente caemos rendidos en las piedras... a 30 minutos del final, hasta que llegó el equipo de rescate Vane-Cedrick con aguas, gatorades y chocolates para devolvernos la vida y que pudiéramos por fin salir de ahí.


 Alguien se preocupó y pensó que nos habíamos perdido. al salir nos recibieron los de protección civil, un poco sorprendidos de que no hubiera pasado nada.

24 jun. 2011

Recorrimos muchos kilómetros, a veces a pie; comimos cosas buenas, comimos comida de mochilero; conocimos gente chida, vivimos cosas nuevas, nadamos en cenotes. Visitamos a familia y amigos en el DF, estrenamos el otro lado de la experiencia couchsurfera con el pie derecho en Guadalajara, tomamos tequila en Tequila, cotorreamos en Guanajuato, observamos gente en Querétaro, vimos gigantes en Hidalgo, tuvimos sesión fotográfica en Cholula, nos tiramos en el suelo en Puebla, comimos chapulines en Oaxaca, vimos alebrijes, barro negro y textiles en Arrazola, San Bartolo y Santo Tomás, escuchamos intimidades en el hotel de Ocotlán, no hicimos nada en Miahuatlán, nos alivianamos en San José del Pacífico, hicimos yoga en Mazunte, nos encueramos en Zipolite, nos colamos a una boda en Juchitán, vimos cocodrilos en Tuxtla, escuchamos buena música en vivo en San Cristóbal, hubo reencuentros en Bochil, festejamos en Villahermosa, nos curamos el chorrillo en Campeche, nos llenamos de cochinita en Mérida y nos aventamos de la tirolesa en Playa del Carmen. Hicimos cosas que publicamos en el blog, y otras que mejor no.
Probamos el mejor chocolate y la mejor cerveza en Bruselas, nos prestaron una casa en Ghent, vimos cisnes en Brujas, fuimos al teatro en Londres, cantamos como Beatles en Liverpool, conocimos gente interesante en Norwich, pedaleamos en Ámsterdam, comimos edam en Edam, conocimos la letra ß en Colonia, nos pintamos la cara e hicimos burbujas junto al lago en Giessen, aprendimos a hacer schnitzel en Leipzig, participamos en el Rocky Horror Picture Show en Berlín, convivimos con un apuñalador serial en el salto Alemania – España, fuimos tíos en Barcelona, comimos banana pancakes en Bilbao, nos disfrazamos de cebras en Madrid, hicimos cientos de camas en Sevilla. Hicimos muchos picnics. Pintamos departamentos, posamos para fotógrafos e hicimos cosas divertidas por dinero. Vimos arte genial y tradiciones geniales. Conocimos a la mejor gente del mundo, que ahora son nuestros amigos. Tuvimos toda clase de encuentros y reencuentros. Hicimos cosas nuevas, cosas diferentes, cosas que algunos ven mal y otros con envidia. Crecimos, cambiamos, evolucionamos. Y lo volveríamos a hacer.

26 may. 2011

Mariana y Aron en Vagablogging

 Esta semana aparecimos en Vagablogging, un blog de viajes en el que entrevistan gente que vive o ha vivido viajando. Dando click aquí pueden ver la entrevista (en inglés):

http://www.vagablogging.net/vagabonding-case-study-aron-and-mariana.html




Vagablogging está inspirado en el libro Vagabonding, de Rolf Potts, acerca de hacer de viajar un estilo de vida.

18 may. 2011

Fin del viaje

Después de 15 meses, nuestra aventura llega a su fin. Volver a Bruselas para tomar nuestro vuelo de 150 euros para regresar a casa fue un cierre que no olvidaremos. Justo hace un año, al llegar a esta ciudad todo era nuevo y diferente, ahora en una segunda vuelta se sintió un poco como volver a casa y nos dio la oportunidad de reencontrarnos con viejos amigos.

Ahora empieza otra aventura y este blog sigue, porque aún hay muchas cosas en el tintero.


Tine y Wouter nos hospedaron.


Dirk y Mieke, nuestros amigos y anfitriones de hace un año, nos invitaron a pasar el fin de semana con ellos en su casa de Ghent (los seguidores del blog con buena memoria recordarán esta casa, donde nos quedamos -solos- un año atrás).


Se organizaron una carne asada.


Dirk es chef y es belga: eso lo hace alguien con buen gusto y amor por la cerveza. Después de comer, preparó una sesión de cata de cervezas belga de las finas; de las que vienen con corcho. Éstas cervezas terminan de fermentar ya en la botella, por lo que, como el vino, su sabor varía depende de cuándo las abras. Fuertes, densas, muy buenas.


Dirk, Mieke y Joe.


El domingo por la mañana fuimos a pasear por el área bonita de Ghent, junto al río, las flores y las casas de gente rica.


En la tarde preparamos un guacamolito.


De regreso me vine atrás en la camioneta, enseñándole a Mieke el poder de mi flash.


Mientras, Mariana, se tomaba autorretratos.


El último último día antes del vuelo, de vuelta en Bruselas, lo dedicamos a pasear por la ciudad como viles turistas. Aquí Mariana anuncia, "¡adiós, Bélgica!"


Los belgas aman sus comics.


...caminamos por el barrio de Marolles, donde vimos muchas tiendas chidas y pasamos por un mercado callejero...


Último día, ni modo.






Obviamente no podíamos irnos sin comer aunque fuera otras papas belgas...


...y otro waffle belga con chocolate.

***

 Y bueno, el resto es historia: al día siguiente tomamos el avión y nos fuimos a México. Pero... para que el vuelo sea tan barato, debes llegar a Cancún, y ahí estaba Oceanía, vieja amiga de Mariana. ¿Cómo no cerrar el viaje panza arriba en la playa?


Oceanía y Camila, dos mujeres súper chidas.


¿Qué haces al regresar a México después de un año? Comer gorditas de chicharrón, claro.




El Caribe mexicano, otra estrella más del canal de las estrellas.


Oceanía conoce los mejores hoteles para colarse, así que nos fuimos a meter al jacuzzi y a la alberca del Marriott.


Una chulada de alberquita.




¿Pagar, por usar las instalaciones del Marriott? ¿Qué somos, millonarios?






¡Se acabó! El último en salir apaga la luz.

4 may. 2011

Adiós, Sevilla.

Pensábamos que nos quedaríamos una larga temporada viviendo en Sevilla... pero como dicen aquí, va'se que no. Eso del trabjo resultó no ser tan serio, así que ni modo... muy a nuestro pesar, esto se acaba aquí. De Sevilla, nos vamos mañana. De España, pasado mañana. Mi querido Rubén, habrá que prender ese carbón y poner a enfriar esa cheve...

Mientras tanto, queda lo último de Sevilla. Justo ahora es la Feria de Abril (en mayo! Sevilla es genial, todo es posible aquí) y la calle está inundada de sevillanas camino a la feria. La feria en sí es un recinto enorme al aire libre lleno de carpas con comida, bebida y música. Lo malo para nosotros es que la mayoría, las buenas, son privadas y sólo puedes entrar si alguien te invita, y esta vez no tuvimos suerte. Aún así, nos dimos una vuelta y nos apantallamos viendo esta tradición llena de música, alegría y sevillanas preciosas.


Así las ves a todas, por la calle, y les encanta que les tomen fotos.








Todas van a la feria, el evento más esperado del año.




Ya en la feria...




























Además de bailar, lo que se acostumbra es comer pescaito frito y tomar rebujito, que es una mezcla de un licor llamado manzanilla y refresco de limón. Es de esos tragos dulces que no sientes hasta que se te mueve el piso.












Varios rebujitos después.


Mientras tanto, afuera.


¡Están por toda la ciudad!


A esta sevillana adoptada le regaló un abaniquito nuestra comadre Natasha, y olé.


En el cine, a la función de media noche se le llama sesión golfa.




Guadalquivir.


La puerta principal de la Catedral.


Éste es el edificio del ayuntamiento. Aunque no se aprecia del todo en la foto, el lado izquierdo está cargadísimo de adornos en el mármol tallado; el lado derecho está liso, liso... es que se les acabó el presupuesto, y lo dejaron así. ¡Sevilla es genial!










En Sevilla, la ley de la gravedad es opcional.




En una calle de la judería. La historia va así: los cristianos atacaron a los judíos que vivían ahí y mataron a miles. Los judíos planearon un ataque como respuesta, pero Susana, la hija del jefe de éstos, estaba enamorada de un soldado cristiano y le confesó los planes de su padre. El soldado, que no estaba tan enamorado como ella, los comunicó a sus superiores y emboscaron a los judíos, matando miles más, incluyendo a la familia de Susana. Ella tuvo que convertirse al cristianismo y se hizo monja, pero en su muerte pidió que le cortaran la cabeza y la exhibieran en esta ventana de su antigua casa como recordatorio de lo que había hecho.




Cruces verdes.


En esta plaza se hicieron autos de fe durante la inquisición (auto de fe es la manera elegante de decir "quemar judíos en la hoguera").


Y dijo: dadme un cono, con 12 bolas.