29 ago. 2010

La vida en Berlín

La vida berlinesa tiene muchas formas. A nosotros nos ha tocado experimentar y compartir la modalidad de la vida de estudiante: edificios con amplios departamentos con muchos cuartos y áreas comunes. Mucha gente todo el tiempo, entrando y saliendo y ambientes multiculturales. En estos días de vacaciones, Berlín fue de los hispanohablantes, que están por doquier.

Desde hace más de un mes nuestro hogar está en Beermannstrasse 6. Vivimos en un departamento con seis recámaras. Hay tres alemanes, una española, una suiza y nosotros. Como cualquier piso en Berlín, éste tiene su lavadora de trastes, su sitio para dejar los zapatos a la entrada, y sus miles de artículos de Ikea.

Hemos pasado días ajetreados y días relajados. Aprendimos a hacer malabares en el parque, jugamos con un perro desconocido que llegó de repente con una varita para que se la aventáramos, cocinamos arroz con leche, visitamos el increíble edificio del parlamento alemán (Reichstag), la puerta de Brandenburgo y más fragmentos del muro.

También el Checkpoint Charlie, un puesto de control posterior a la Segunda Guerra Mundial por el que militares y diplomáticos cruzaban del Berlín occidental al oriental.

Comprobamos el impacto que produce en el espectador la arquitectura del Museo Judío y seguimos en la búsqueda diaria de trabajos temporales. Nos queda Berlín para rato.


Paseando por Bergmanstrasse con Guenia.


Este perro llegó con su palito y nos puso a jugar hasta que llegó su dueño.


Aprendimos a hacer malabares! Más o menos. A Mariana le sale mejor que a mi.


Dentro de una cabina para tomar fotos.








En los sitios turísticos, como la Puerta de Brandenburgo, hay gente disfrazada de soldados de toda clase para que te tomes la foto.


El Reichstag (parlamento alemán) se puede visitar. En la parte superior tiene un mirador.





Dentro de la cúpula del Reichstag.








Día de festival en Alexanderplatz. Los niños jugaban dentro de estas burbujas.


Ésta es la torre de televisión, una de las construcciones icónicas de la ciudad. En la esfera hay un restaurante giratorio desde donde se ve toda la ciudad.





Una tienda para gente enoooorme (no es cierto).


Detalle de nuestro piso.


En Berlín se toma cerveza en todos lados, ¿recuerdan? Hasta en el metro.


Con Steffi en el museo del cine.


"Nadie te quiere." "Nadie me quiere - Nadie me quiere - Nadie me quiere."


Cenamos, brindamos por los que no están, vemos caricaturas.
Con Tobias, Steffi y Maïlis.


Checkpoint Charlie, donde pasaban de Berlín Occidental a Berlín Oriental.





Checkpoint Charlie, el Muro... todo lo histórico ahora es comercial y está lleno de tienditas que te venden desde postales con fotos viejas del Muro en funcionamiento, hasta pedazos del Muro (según).


El Spree, el río que atraviesa Berlín.


El Museo Judío.


Tiene una arquitectura muy peculiar.


Mi mejor cliente del mercado de los domingos (un señor que en total me ha comprado cinco fotos grandes) me invitó a la inauguración de una exposición de foto en una galería que fue la primera del ex Berlín Oriental. Fuimos con Juana, vimos las fotos y nos echamos unos vinitos.


25 ago. 2010

Thousand Lives, por Ana Plà Deu y Eleanor Moses Waty.

Ana y sus "mil vidas" es un proyecto fotográfico. Ana y Waty escogen a alguien y entran a su espacio, donde Ana se transforma para convertirse en parte de la vida de estas personas por un momento. La idea detrás de esto es retratar la fantasía de jugar con un cambio constante de vidas, entornos y atmósferas.

¡Y yo participé! La semana pasada vinieron e hicieron una sesión con tema de mochileros (por ahí se ven nuestras mochilas). Estuvo muy chido.



La idea es verlo como un proyecto completo, así que échenle un ojo a su sitio para ver lo que llevan de la serie: http://www.thousandlives.com/

11 ago. 2010

Seis meses en el camino

Este 6 de agosto cumplimos medio año de viajar, y para celebrarlo visitamos un lugar llamado Weinerei, en Berlín. Aquí llegas, pagas dos euros por una copa vacía y puedes tomar todo el vino que quieras, tienen una gran variedad de tintos, blancos y rosados. También hay un buffet. Al final, cuando te vas, echas en un bol de vidrio el dinero que consideras que corresponde a tu consumo porque nada tiene precio. Estuvimos acompañados por viejos y nuevos amigos, nuestros anfitriones Matthias y Alex, Juana, Guenia y Max. Seis meses… y vamos por más. ¡Salut!


Stefanie, Juana, Matthias, Alex, Max, Guenia y nosotros.

¡Berlín!



Moderna, relajada, con playas artificiales, graffiti por doquier y un paisaje en el que cada edificio y calle gritan un pedazo de la historia: así es la capital de Alemania.

Cuando estaba en la primaria tuve que aprender dos capitales para este país, eran: Alemania Occidental, Bonn; y Alemania Oriental, Berlín. A mis tiernos 9 años no pensaba siquiera en lo absurdo que era que un país estuviera dividido por un muro. Hoy los remedos de ese muro son sólo un recuerdo y una atracción turística, al grado que en las tiendas de souvenirs y en los mercados de pulgas puedes comprar un “pedazo de muro” artificial de adorno, absurdo ¿no?

Cuando vives en México la historia de Europa, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto es algo que aprendes en los libros y las películas, pero cuando estás en Alemania, cada calle por la que camines o cada edificio que veas pueden tener un papel protagónico en esa historia, como que se vuelve más real.

Es una sensación extraña la de caminar frente al muro y verlo convertido en una galería de arte, -al menos una parte de él, la que está en el centro de la ciudad-. Al caminar por las calles con amigos nos platican historias sobre cómo mataban a la gente cuando trataban de escalar el muro o de cómo, en la reunificación, todos brindaban en las calles con champán. También cómo la gente subía al café/mirador de la torre de televisión, uno de los emblemas de la ciudad, para ver cómo era el otro lado de Alemania. Hemos pasado por edificios que todavía conservan los hoyos de bala de los tiempos de la guerra porque el Gobierno simplemente no tiene dinero para hacer nada con ellos. Hay muchos edificios abandonados que ha sido increíble explorar, y que antes fueron embajadas de países como Irak, hospitales infantiles o manicomios donde cuentan que habitaban asesinos seriales.

Una tarde caminamos por el monumento al Holocausto que tantas veces vi en fotografías. Aron y yo platicamos cómo es curioso que la gente trepe por los 2711 bloques de concreto, se esconda o corra y se divierta todo el tiempo, cuando en teoría el sitio evoca a un cementerio y debería ser un lugar más “serio” o “reflexivo”…

Berlín tiene un encanto especial, desde que llegamos nos sentimos como en casa y no nos queremos ir. La gente en general es súper amigable y fiestera, el día empieza a las 11 ó 12 de la mañana, y la gente en general está en la calle desayunando a la 1, quizá 2 de la tarde (los restaurantes extienden sus horarios de desayuno hasta esta hora lo cual es súper cool, como un sueño hecho realidad).

La fiesta empieza como a las 11 de la noche y puede prolongarse hasta las 6, 7 u 8 de la mañana del día siguiente. Luego a dormir unas cuantas horas y a empezar el día a las 11 ó 12 de nuevo. Muchos días son así. Una locura.

Desde que llegamos hemos conocido gente increíble que a su vez nos presenta con más gente chida en una cadena interminable. Claudia, nuestra primera anfitriona, nos presentó a todos los chavos que viven en su departamento: Stefan, un chavo relajado que trabaja con computadoras; Toby, estudiante, sonriente, fan de Los Beatles y maestro de guitarra de medio tiempo; Silvia (una chica española que para estas fechas no vive aquí, pero que un día nos invitó a verla bailar salsa); Javier, otro español cuyo cuarto estamos rentando temporalmente, fiestero a morir y lleno de amigos que lo visitan todo el tiempo; y Steffi, una chava alemana que estudia aquí y nos hizo el día durante nuestro primer domingo de vendimia en el mercado de Mauerpark, ayudándonos como traductora para conseguir un lugar y hasta una mesa gratis para poner las fotos.
Laury es una chica francesa que vivirá durante 6 meses en Berlín y una exploradora nata de edificios abandonados. Hemos ido en dos expediciones con ella y la hemos pasado de lo mejor, tomando fotos, jugando a las escondidillas o simplemente charlando. A través de ella hemos conocido a otros viajeros de diferentes países que van de paso o están de visita.

Suzanne es una chica originaria de Amsterdam que nos contactó a través de Couchsurfing para prestarnos su tienda de acampar para Woodstock y el día que fuimos a delvolvérsela conocimos a su novio Joep, quien es músico y escritor, y a los integrantes de una recién reencontrada banda de klezmer que en ese momento se pusieron a ensayar ahí mismo. Nos sentíamos como adentro de una película de cine de arte, comiendo berlinesas, escuchando la música y platicando.

Nuestros segundos anfitriones, Matthias y Alex, nos consintieron y nos acompañaron a celebrar nuestros 6 meses de viaje, además de cuidar de nuestras mochilas mientras estuvimos el fin de semana en Polonia para el festival.

Es así que hemos hecho nuevos buenos amigos y a la vez hemos reencontrado a viejos amigos como Juana, a quien conocimos en Monterrey mientras daba clases de alemán y Guenia, nuestra anfitriona en Cholula.
Reencontrar a la gente que ya conocemos es como un profundo y aliviador respiro de este viaje, ya que a veces resulta agotador contar siempre la misma historia a la gente nueva que conocemos “Somos Mariana y Aron, estamos viajando, bla bla bla…”

Es increíble pero entre reunión y reunión nos ha faltado tiempo para ver gran parte de la ciudad, será la tarea de los próximos días, sin duda. Por otro lado, poco a poco vamos conociendo las partes cotidianas, los barrios donde se mueve la gente que vive aquí… y es que por el momento, nosotros también vivimos aquí; al menos durante lo que queda el mes de agosto. Estamos vendiendo fotos en el mercado de pulgas el fin de semana (este domingo empezamos y vendimos 13 fotos!); además conseguimos un trabajo temporal de medio tiempo investigando libros de texto mexicanos para una universidad y haciendo reportes en inglés. Y seguimos buscando cosas que hacer. Al menos por lo que queda del mes, somos compañeros de piso de Claudia, la que fuera nuestra anfitriona de Couchsurfing al llegar a la ciudad, junto con un par de chicos y chicas más. Berlín nos ha tratado bien…

Este monito de los semáforos se llama Ampelmann, y es un ícono de Alemania Oriental. Lo ves por todas partes en dibujos, souvenirs...



Uno de los pedazos de muro (el más largo que queda, como de 1.5 km.) que están en el centro fue convertido en galería de arte, la East Side Gallery. Como en el lado este no había graffiti, se invitó a una serie de artistas a que hicieran sus mejores garabatos. Los resultados son algunos interesantes, algunos clichés. Aquí va una muestra de sus obras.




Carpe Diem,

...y un saludo a mi amiga Malena que me está viendo :)


 'My God help me, this deadly love to survive', el beso de los líderes Leonidas Breznev y Erich Honecker.


El Muro de Berlín en realidad eran dos muros: uno que separaba al Este y otro al Oeste. En medio de los dos estaba un área conocida como la franja de la muerte, ya se imaginarán por qué. Que no te pescaran ahí.








En el área de Neukölln, donde hemos pasado buena parte de nuestro tiempo porque ahí viven amigos y nos queda cerca, hay muchos inmigrantes árabes, mercados, tiendas de vegetales (hasta chiles decentes hemos encontrado) y tiendas de cosas viejas como ésta donde vendían LPs, comics viejos, novelas rosas y material porno kitch de los 70s.


Potzdamer Platz es uno de los corazones de la ciudad, y definitivamente uno de los puntos turísticos más llamativos. Ahí hay un nuevo y modernísimo Sony Center con cines, tiendas, capitalismo a todo lo que da. Frente al pedazo de muro que hay ahí, te pueden poner el sello de Berlín Oriental en tu pasaporte.


El muro en Potzdamer Platz. Entre los pedazos de pared hay información acerca de la historia.


El monumento al Holocausto.


El mercado de pulgas en Mauerpark es el más grande y famoso de la ciudad. Es enorme, y en el parque, junto al mercado, hay karaoke al aire libre para que la gente vaya a cantar. Un punto de encuentro para locales y miles de visitantes.








A Juana la conocimos en Monterrey y nos hicimos buenos amigos. Pero Juana es alemana y está de regreso, así que ahora nos toca vernos en su territorio. Éste fue el primer día que nos encontramos, cuando nos fuimos a echar unas chelitas para celebrar el reencuentro y ponernos al día con las narcohistorias de terror de Monterrey.





El primer hospital abandonado al que nos llevó Laury.





Su tatuaje lo diseñó ella misma.








En Alemania, si quieres comida rápida/barata, básicamente tienes dos opciones: kebab y falafel, o salchichas.


Un graffitero feliz tiene la ciudad tapizada de este monito.


Junto al río hay unas pequeñas playas artificiales, con bar y toda la cosa.


La berlinesa, pan dulce típico, relleno de jalea y cubierto de azúcar glass.


Ésta, por el momento, es nuestra casa. En la sábana blanca colgada del lado izquierdo se proyectan películas.


Fuimos con Juana a conocer el mercado árabe de Neukölln.


Luego nos sentamos a echar un cafecito.





Hoyos de bala de la segunda guerra. La ciudad entera es un monumento a la guerra, y a la época del Muro. Por donde andes, la gente local te comenta casualmente cosas como, esta fábrica abandonada quebró porque no pudo con la competencia cuando cayó el Muro; aquí había una vía de tren pero fue destruída durante la guerra; esta sinagoga fue parcialmente destruida y ahora es museo.


Tacheles (se pronuncia Tajeles) es un edificio viejo y lleno de graffiti en el que se reune una gran cantidad de artistas a producir y vender sus obras. Aunque ahora lo frecuentan muchos turistas y lo que encuentras ahí no es precisamente barato, es una institución entre la gente joven, y era uno de los lugares favoritos de Juana cuando vivía por ahí, hace algunos añitos. En la parte de abajo hay un café. Actualmente se está peleando para que no lo cierren: el gobierno quiere convertirlo en lindos cafés para turistas.


Ellos son Matthias y Alex. Fueron nuestros anfitriones unos días. Son una pareja alegrísima.


El segundo hospital abandonado al que nos llevó Laury, a las afueras de Berlín.


Subimos Laury y yo a exporar el piso de arriba del hospital y de pronto se asoma Laury y me dice: ¡ahí hay un hombre desnudo! Después se volvió a asomar y se estaba poniendo unos calzones. Primero nos íbamos a ir para afuera (¿qué carajos hace un tipo en pelotas en un edificio abandonado?) pero nos ganó la curiosidad y nos fuimos a asomar... no era más que una sesión fotográfica, de un fotógrafo que nos aseguró que era muy famoso, según él.


¡Laury es gigantesca! Vean cómo apenas cabe en este refrigerador de tamaño normal.








En Alemania, y especialmente en Berlín, es totalmente normal ver gente con una botella de cerveza en la mano en la calle (o en el metro, en el cine...). Tú vas con tu chela, tomando sin molestar a nadie. También te encuentras rincones, como éste junto a un puente, donde la gente con sus chelas se sienta a descansar y cotorrear un rato.


Hay un museo de fotografía con una sección dedicada a Helmut Newton - genial.




Fuimos al departamento de Suzanne y su novio a devolverles su tienda de campaña, y de pronto se juntó la antigua banda de klezmer del otro chavo que vive ahí, y decidieron echarse un palomazo. ¿Cómo no amar a Couchsurfing?





Steffi (una de nuestras actuales compañeras de piso) nos pescó preparando fotos para irlas a vender al mercado, y decidió lanzarse con nosotros desde la mañana. Fue nuestra traductora con los tipos que te asignan lugar, nos ayudó a conseguir una mesita, se chutó como 5 horas de venta con nosotros y nos cuidó el changarro cuando nos tomamos unos minutos para ir a comer una salchicha.





Pásele, marchante.


Nuestra amiga, anfitriona y compañera de piso Claudia nos cayó un rato para acompañarnos.