26 abr. 2011

Crónica de un festejo lluvioso en Sevilla

La Sevilla turística es un deleite, no importa que sea bajo la lluvia. Aprovechando que nos dieron el día libre de la chamba en el hostal, por mi cumple (¡el 34!), nos lanzamos a turistear. Al fin visitamos la Catedral sevillana y sus alrededores, comimos pescaito frito y vimos nuestro primer espectáculo de flamenco en España. ¡Olé!


El primer brindis del cumpleaños: En el bar del hostal conocimos a Montse y Andrea, unas chicas tapatías bastante majas,  y nos dieron las 12 así que, ¡saluuuuuú!. Atrás, un colado.


Pal desayuno, montaitos de queso y pringá, que es una mezcla de carne como la que lleva el cocido. Estaban de rechupete.

Y cafecito, que aunque era más de la una, aún era desayuno.


El localito al que nos metimos a desayunar.


¿Hay caracoles? Ojalá se vieran así de tiernos cuando te los sirven en el plato.


Descansamos del calor unos días... porque estuvo lloviendo.




 Detalle de la Puerta del Perdón de la Catedral de Sevilla, la catedral gótica cristiana más grande del mundo.


La Giralda, que es como se le llama al campanario de la Catedral de Sevilla.

Souvenirs de los nazarenos.






Seguía la lluvia... pero no nos detenía.


Real Alcázar es un conjunto de edificios que datan de la Edad Media, con jardines muy monos y murallas.


Los ubicuos naranjos sevillanos.


Nos metimos por cuanto callejón y callejuela que encontramos.




Alcázar significa fortaleza.



La judería de Sevilla, donde en tiempos del Rey Fernando III de Castilla se congregó la segunda comunidad más grande de judíos en España.

La Santa Cruz, uno de los barrios más populares de la ciudad.


En Sevilla una hermosa mañana... la Guadalupana.


Recuerdos de Sevilla.


La Puerta del Príncipe, Catedral.




Hostia, me encontraron.


Diferentes figuritas religiosas de chocolate.




Ya hacía hambre así que fuimos por pescaito frito, una de las especialidades locales.


Dos platos de pescaito frito (cazón en adobo y chocos fritos) y tortilla española en salsa de whisky.




Mientras tanto, afuera llovía.


Fuimos al hostal a descansar un rato y luego nos lanzamos a las calles de nuevo.


La Carbonería es un bar enorme y popular en el que presentan flamenco y se atasca. Ahí nos reunimos con Pierre y Sarah.


La bailaora en turno era un tanquecito al que le temblaba todo con el zapateado, pero dice la gente que si quieres ver flamenco del pueblo, éste es el lugar.

A las 23:40 nos dimos cuenta de que no había habido pastel de cumpleaños, así que salimos rápidamente antes de que terminara oficialmente el día a conseguir una rebanada y unas copitas de vino en un café cercano.


Cerrando oficialmente el 22 de abril.

Después, como colofón de cumpleaños, de regreso a la Carbonería por más cerveza y más flamenco.










Flamenco de alto calibre.

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