9 abr. 2010

Días de yoga en Mazunte

Llegamos un miércoles al Centro de Yoga Agama, en Mazunte, donde el yogui Geoff Torkington nos dio hospedaje. Fue una experiencia sorprendentemente agradable y distinta a todo lo que habíamos vivido hasta ahora.

Era potluck night, día en el que cada uno de los chavos cocinaría algo para compartir con los demás. Nuestra llegada coincidió con la de Elizabeth, la hermana de Geoff, quien venía de Japón para quedarse a hacer el curso, así que hicimos equipo de tres para aportar el agua de sandía al delicioso bufet vegan que se sirvió esa noche.




El menú incluyó: sopa de papa, ajo y cebolla; bruschettas con tomate al ajillo; diversas ensaladas con aderezos de cacahuate, soya y una con mango que francamente estaba de rechupete; samosas (como empanaditas con relleno de papa y zanahoria condimentadas); hummus y champiñones rellenos de espinacas y calabacita cocinados a la leña. De postre pan de plátano y plátanos machos fritos bañados con chocolate oaxaqueño.



Durante un rato traje una mantis religiosa en la cabeza.

Resulta que en este centro imparten un curso de yoga que dura un mes, y si quieres pueden hospedarte en el ínter. Aunque hay cuartos, los chavos que están en el curso (extranjeros en su mayoría, sólo uno del DF) duermen bajo las estrellas con redes para mosquitos.

La red del centro era la nuestra.


La vista al amanecer.



El área común.



Viviendo la vida sana.



Como couchsurfer puedes tomar hasta dos clases de yoga y estar presente en una de las pláticas que ofrecen, así que hicimos yoga y escuchamos una charla sobre el porqué es importante decir la verdad y cómo el hacerlo le da a tu palabra cierto poder. Una experiencia relajante y pacificadora. Seguramente en el futuro habrá más yoga.


También conocimos el Centro Mexicano de la Tortuga que está padrísimo, aunque las fotos dicen más que mil palabras:


Peleaban por la hembra.








Luego nos encontramos a Marisol y Carlos, los tapatíos que nos habían dado ride saliendo de Miahuatlán, así que pasamos el resto de la tarde en la playa con ellos.



La vida es dura, caray.


Todos fueron extremadamente amables y cálidos con nosotros, en especial Bea, una chica de Bélgica que nos prestó una enorme y comodísima red para mosquitos durante las dos noches que estuvimos ahí.


Thanks for your mosquito net Bea, you rule, we were very moved with that amazing gesture. We’ll never forget it.


Con Elizabeth, quien nos ayudó a dominar el arte del hula hoop.



La del recuerdo, con los amigos yogueros. Al día siguiente partimos a Zipolite para reencontrarnos con nuestros amigos de Puebla, Monterrey y DF para tomarnos con ellos unas vacaciones de las vacaciones.

La primera noche terminó con una fogata bajo las estrellas, con canciones y todo, con Johnny, el chico británico, a cargo de la guitarra.


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