18 may. 2011

Fin del viaje

Después de 15 meses, nuestra aventura llega a su fin. Volver a Bruselas para tomar nuestro vuelo de 150 euros para regresar a casa fue un cierre que no olvidaremos. Justo hace un año, al llegar a esta ciudad todo era nuevo y diferente, ahora en una segunda vuelta se sintió un poco como volver a casa y nos dio la oportunidad de reencontrarnos con viejos amigos.

Ahora empieza otra aventura y este blog sigue, porque aún hay muchas cosas en el tintero.


Tine y Wouter nos hospedaron.


Dirk y Mieke, nuestros amigos y anfitriones de hace un año, nos invitaron a pasar el fin de semana con ellos en su casa de Ghent (los seguidores del blog con buena memoria recordarán esta casa, donde nos quedamos -solos- un año atrás).


Se organizaron una carne asada.


Dirk es chef y es belga: eso lo hace alguien con buen gusto y amor por la cerveza. Después de comer, preparó una sesión de cata de cervezas belga de las finas; de las que vienen con corcho. Éstas cervezas terminan de fermentar ya en la botella, por lo que, como el vino, su sabor varía depende de cuándo las abras. Fuertes, densas, muy buenas.


Dirk, Mieke y Joe.


El domingo por la mañana fuimos a pasear por el área bonita de Ghent, junto al río, las flores y las casas de gente rica.


En la tarde preparamos un guacamolito.


De regreso me vine atrás en la camioneta, enseñándole a Mieke el poder de mi flash.


Mientras, Mariana, se tomaba autorretratos.


El último último día antes del vuelo, de vuelta en Bruselas, lo dedicamos a pasear por la ciudad como viles turistas. Aquí Mariana anuncia, "¡adiós, Bélgica!"


Los belgas aman sus comics.


...caminamos por el barrio de Marolles, donde vimos muchas tiendas chidas y pasamos por un mercado callejero...


Último día, ni modo.






Obviamente no podíamos irnos sin comer aunque fuera otras papas belgas...


...y otro waffle belga con chocolate.

***

 Y bueno, el resto es historia: al día siguiente tomamos el avión y nos fuimos a México. Pero... para que el vuelo sea tan barato, debes llegar a Cancún, y ahí estaba Oceanía, vieja amiga de Mariana. ¿Cómo no cerrar el viaje panza arriba en la playa?


Oceanía y Camila, dos mujeres súper chidas.


¿Qué haces al regresar a México después de un año? Comer gorditas de chicharrón, claro.




El Caribe mexicano, otra estrella más del canal de las estrellas.


Oceanía conoce los mejores hoteles para colarse, así que nos fuimos a meter al jacuzzi y a la alberca del Marriott.


Una chulada de alberquita.




¿Pagar, por usar las instalaciones del Marriott? ¿Qué somos, millonarios?






¡Se acabó! El último en salir apaga la luz.

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