30 may 2010

"La historia del pequeño topo que quería saber quién se cagó en su cabeza"

Éste, niños y niñas, es un libro muy cotorro que nos encontramos en casa de Mieke y Dirk.

Va la traducción libre, con la colaboración de nuestro amigo Maarten.
(Click en cada imagen para hacerla más grande.)


Un día el pequeño topo sacó su cabeza de la tierra para ver si el sol brillaba.
De pronto, le aterrizó una caca en la cabeza.
¡Hey! ¡Qué diablos! -dijo el topo,- ¿quién se ha cagado sobre mi cabeza?
(Era miope y no podía ver nada.)

¿Tú te has cagado sobre mi cabeza?, le preguntó a la paloma, que volaba por ahí.
¿Yo? ¡No! ¡Yo hago así! - y PLETS, cae un charco blanco al lado del pequeño topo.

¿Tú te cagaste sobre mi cabeza?, le preguntó al caballo.
¿Yo? ¡no! ¡Yo hago así!, y plplplplpp, caen cinco bolas frente al topo.
El topo estaba muy impresionado.


¿Tú te cagaste sobre mi cabeza?, le preguntó a la liebre.
No, yo hago así, dijo ella, y dejó caer un montón de caniquitas.


¿Tú te cagaste en mi cabeza?, le preguntó a la cabra.
La cabra le dijo que no y le echó enfrente un montón de caquitas de cabra.


Oh, vaca, ¿tú te cagaste sobre mi cabeza?
¿Yo? Nooo, y PLOP, ahí va el charco verde y amarillo.


Cerdo, ¿te cagaste en mi cabeza?
No, yo hago así. Oink.


En eso se encontró unas moscas felices comiendo caca y se dijo, ajá, éstas me pueden ayudar.
Moscas, ¡identifiquen por favor la caca de mi cabeza!
Ellas la examinaron un instante y emitiron su veredicto: sin duda, era caca de perro.

Entonces el topo dijo ora sí, ya vera ese méndigo perro.
Y fue a buscar al perro del carnicero.

Se sube, se pone en posición y *plip* deja caer su gran venganza sobre el perro.
Entonces, muy feliz, el topo volvió a la tierra.
FIN

23 may 2010

Antes de irnos a Bélgica, pasamos unos días en Playa del Carmen.

Estuvimos alrededor de una semana en Playa del Carmen, disfrutando los colores del Caribe: el turquesa de las aguas y el blanco de las playas de arenas finas.
Es el México “disneylandizado”, donde muchas de las cosas se venden en dólares y abundan los souvenirs de artículos con inditos sombrerudos sentados bajo un nopal y las camisetas de Speedy González con la leyenda de “Playa del Carmen. México”.
Basta decir que la calle más cercana a la playa ha sido bautizada como la quinta avenida (qué nos dura niuyors) y tiene al menos dos sucursales de Starbucks, otras dos de Ben&Jerrys, Burger King, Liverpool, cientos de boutiques donde los precios están para poner los ojos de plato y decenas de restaurantes que venden ‘margarruitas’ y ‘tacous’. Ah y en la playa, con tanto extranjero, obvio también hay mucho taco de ojo. Para él y para ella.
Aquí conocimos a una pareja couchsurfera que nos hizo la visita: Tere, una abogada con mucho carácter pero lindísima, y su novio Riaz, un apasionado de la naturaleza que trabaja como guía en paseos ecoturísticos.
Ambos nos hospedaron (oscilamos entre sus casas) y gracias a ellos pudimos disfrutar de un paseo con tirolesas y cenotes y conocimos Xcacel, una playa virgen increíblemente bella.
Compartimos cenas, copas y hasta unos chila-nachos (buen invento de Riaz) y además descubrimos un poco de ese mundillo de los tours para extranjeros en la Riviera Maya, por ejemplo, el hecho de que los italianos son ¡súper miedosos! Y a veces retrasan los tours porque temen aventarse por la tirolesa o entrar a nadar a los cenotes porque no alcanzan a tocar el piso, no importa que tengan chalecos salvavidas.
Unos buenos días de relax antes de decirle adiós por unos cuantos meses a nuestro México lindo y querido.


Un día vimos un escarabajo pelotero empujando su bolita.


La playa en el Caribe mexicano... de lujo, qué te puedo decir. De postal.


Una reunión entre amigos con fiambres, quesos, vinos, pura cosa buena.


La "Riviera Maya" está llena de turistas que compran souvenirs con dibujitos de sombreros para volver a casa y decir que estuvieron en México.


Con Tere.


Los domingos cierran la avenida principal (la quinta) y hacen bazar. Cualquiera puede poner su mesita y vender sus chucherías viejas, o nuevas. Hay puestitos de comida, mucha gente y litros de sudor, porque ya te imaginarás el calor que hace ahí bajo el sol. A la gente le encanta comprar.


Y bueno... llegó el día, nos lanzamos al aeropuerto de Cancún (a 30 min. de Playa) y subimos al avión.

17 may 2010

Adiosito, México

Recorrimos muchos kilómetros, a veces a pie; comimos cosas buenas, comimos comida de mochilero; conocimos gente chida, vivimos cosas nuevas, nadamos en cenotes. Visitamos a familia y amigos en el DF, estrenamos el otro lado de la experiencia couchsurfera con el pie derecho en Guadalajara, tomamos tequila en Tequila, cotorreamos de lo lindo en Guanajuato, observamos gente en Querétaro, vimos gigantes en Hidalgo, tuvimos sesión fotográfica en Cholula, nos tiramos en el suelo en Puebla, comimos chapulines en Oaxaca, vimos alebrijes, barro negro y textiles en Arrazola, San Bartolo y Santo Tomás, escuchamos intimidades en el hotel de Ocotlán, no hicimos nada en Miahuatlán, nos alivianaaamos en San José del Pacífico, hicimos yoga en Mazunte, nos encueramos en Zipolite, nos colamos a una boda en Juchitán, vimos cocodrilos en Tuxtla, escuchamos buena música en San Cristóbal, hubo reencuentros en Bochil, festejamos en Villahermosa, nos curamos el chorrillo en Campeche, nos llenamos de cochinita en Mérida y nos aventamos de la tirolesa en Playa del Carmen. Hicimos cosas que les platicamos aquí, y otras que no.
Ya nos vamos al otro lado del charco, ahí les encargamos a nuestro país, nos lo cuidan, no dejen que lo desmadren mucho…

15 may 2010

Mérida


¡Mare! Llegamos a la tierra de los papadzules, los panuchos, la jarana, las marquesitas, la sopa de lima, las guayaberas y los boxitos: La ciudad blanca. Del porqué de este nombre hay varias razones, pero la que más nos convenció es que Mérida en tiempos de la conquista española era una ciudad donde la gran mayoría de los habitantes eran españoles, o sea… blancos. O sea no prietos. La gente indígena vivía a las afueras, aunque después se dio la mescolanza y quedó la población que hay hoy en día.
Es una ciudad altamente cultural y con un aparato organizado gracias al cual es posible disfrutar de teatro, exposiciones y espectáculos de danza regional de alto nivel, muchos de éstos gratis. Los lunes, por ejemplo, cierran una de las calles principales del centro para convertirla en escenario de folclor, y las mujeres bailan con sus bellísimos trajes típicos; y por ahí se escucha una que otra bomba como ésta:
Del cielo cayó un pañuelo
bordado con seda negra
aunque tu padre no quiera,
tu madre será mi suegra
Bomba!
A nuestro paso por aquí, además de disfrutar de la gastronomía local, que es una delicia, especialmente el poc chuc (carne de puerco asada con jugo de naranja y cebolla y sellada con pimienta), visitamos los increíbles cenotes de Cuzama, estuvimos en un piscinazo con música electrónica y fuimos a Chichén Itza.
De Mérida a Cancún tuvimos la suerte de cachar dos buenos rides: el primero de Mérida a Chichén con un matrimonio del Edomex que se portó súper espléndido y nos ofreció refrescos y cervezas… de las que ellos iban tomando; el breve viaje fue divertido aunque al final ligéramente zigzagueante. ¡Niños! Si manejan, no tomen (mucho). El segundo fue con un chavo del DF que viajaba con su novia inglesa y una pareja conformada por un veracruzano y una canadiense, con quienes hasta paramos a comer en Valladolid, un pueblito muy pintoresco.
Con ellos viajamos hasta Playa del Carmen. Llegamos finalmente a Quintana Roo, uno de los estados más caros de la República Mexicana, y nuestra última parada nacional en este viaje…
A las afueras del mercado.
De este refresco existen dos versiones (dos marcas, pues) en Mérida. Para pedirlo dices, 'deme una negra'. Sabe a plátano y azúcar. Mucha gente lo toma en Mérida, aunque si viajan para allá, mejor les recomendamos el agua de horchata.
Éstos son salbutes. Normalmente la carne es de pavo. La diferencia entre los salbutes y los panuchos, es que los panuchos tienen frijol mezclado en la tortilla frita.
En la plaza central de Mérida hay ((wi-fi)) gratis para todos. No sólo eso; hay enchufes para que cargues la pila de tu laptop. Todo el día y parte de la noche ves gente sentada en las bancas con sus computadoras. Por cierto que, según dicen, Mérida es la ciudad más segura de toda la república. En todas partes la gente deja sus carros o sus puertas abiertas, y no pasa nada.
(El tuch, según me dicen, es el ombligo.) Esculturas de José Luis Cuevas afuera del MACAY, el museo de arte contemporáneo de Yucatán. Estas románticas bancas están por toda Mérida. Su nombre oficial es bancas tú y yo. El Paseo Montejo es una gran avenida a la que la gente local llama "los Campos Elíseos yucatecos". A lo largo del Paseo Montejo hay varias casonas que solían pertenecer a la gente adinerada de la alta sociedad yucateca. De hecho, eran sus casas de veraneo, cuando la ciudad no llegaba hasta ahí. Actualmente, más de la mitad alberga sedes de bancos, aseguradoras, negocios... otra es un museo (de antropología).
A mitad del Paseo Montejo se encuentra el Monumento a la Patria, que cuenta toda la historia de México a través de retratos de todos sus personajes.
Aparentemente en Mérida hay una prominente familia de grafiteros.
¡Tu pared podrìa ser la próxima!
Noche mexicana en la plaza.
Pa' que se eduquen, ninios.

En el Museo de Arte Contemporáneo (MACAY).
MACAY. Son envases de comida de McDonald's, sólo que finos y elegantes.
En el centro cultural Olimpo todos los días hay eventos gratuitos, como conciertos y cine de arte. El 30 de abril, por el día del ninio, hubo música de películas de Disney.
Eso sí: no hay turista extranjero que pase por aquí que no salga cargado de... souvenirs.
Alto. Ya oyeron a la dama.
Esto se llama marquesita. Es como una crepa crujiente rellena de queso edam.
Fuimos a nadar a los cenotes de Cuzama con Daniel, nuestro anfitrión.
El sur está lleno de cenotes.
El agua clarísima.
Mariana con Sam, Daniel y Calvin.
Sam y Calvin eran unos viajeros de Wisconsin que también se quedaron con Daniel y con quienes fuimos a los cenotes.
Calvin volaba.
En el sur de México, TODAS las casas tienen ganchos especiales para hamacas dentro de los cuartos; es tradición. No hay casa sin hamaca. Y Yucatán es la capital de las hamacas.
Poc-chuc, frijoles, agua de lima.
Mare.
En el rave de música electrónica al que nos llevaron. La manera de pasarla bien, fuera de consumir drogas, era meterte a la alberca para refrescarte del calor. En el agua cotorreamos con algunas gentes buena onda.
Finalmente, nos fuimos de la ciudad, pasando por Chichén Itzá:
IMG_2114GIF
Unas cuantas noches antes de irnos, nos tocó ver la jarana, el baile tradicional yucatecto...
Por cierto, un dato curioso: le preguntamos a un par de yucatecos qué opinaba la gente de Yucatán de que Cucho el de Don Gato hablara como yucateco. La respuesta: ¿ah sí? ¿Habla como yucateco? No me había dado cuenta...