7 may 2010

Pasamos de volada por Bochil, Villahermosa y Campeche

Estuvimos un par de días en Bochil, Chiapas, un pueblito donde no hay nada especial, salvo Margarita, mi mejor amiga de la infancia, que vive ahí con su esposo Zenaido y tres hijos adorables que tienen la energía de nueve.
Es increíble reencontrarte con un viejo eslabón de ti mismo, es como poder sacar un espejo antiguo y verte reflejado en el pasado… los ¿te acuerdas…? se vuelven el hilo de la conversación.
En esos días comimos churros y tortillas recién hechas, cortesía de Zenaido, y nos divertimos recordando un experimento de secundaria que hizo que a la maestra de Naturales se le movieran los lentes de su sitio. Era la recreación de un volcán que echaba lava, algunos de nuestros compañeros usaron pólvora y generaron una gran explosión en el salón que nos obligó a todos a salir corriendo y gritando hacia el patio… ¡Ah qué divertida era la secu!
A raíz de ese recuerdo acabamos haciendo un volcán con Elías, Avraham (‘así con v, para complicarle la existencia, dijo su mamá’) y el pequeño Roni.
Nos despedimos con la promesa de no dejar que pasen otros 15 años sin vernos.
Por cierto que a Aron le llamaron meco por todo Chiapas, y meco significa blanco. Osea güerito, pues.



Así es Bochil.

Haciendo volcán. ¿Quién de los cuatro se ve más entretenido?







El risueño Roni.


Como en los viejos tiempos...


De Bochil nos fuimos hacia Villahermosa, Tabasco. Afortunadamente en Bochil terminaba el camino de la sierra chiapaneca, por lo que ya no hizo falta más Dramamine. Porque yendo de San Cristobal a Bochil Mariana se puso verde. El camino es largo, sinuoso y montañoso...

Nuejtra ejtancia en Tabajco no fue nada parecida a ejtar en un edén. Ejtuvimoj jólo un par de díaj, incluído mi cumpleañoj. Claro que comimoj pejelagarto en omelette… jabe a pejcado puej… Eje día lo pajamos cargando la mochila toooooodo el tiempo, debido a fallaj en la agenda de nuejtra anfitriona, bien intenjionada, pero demajiado ocupada para hajerse cargo de juj huéjpedej como Dioj manda.



Cargamos la mochila, sudamos, y trabajamos en un chorrillo* que se manifestaría poco después.


El cumpleaños de Mariana nos sorprendió en Villahermosa... bueno, no nos sorprendió, en realidad. Ese día decidimos dejar por un rato el presupuesto y festejar comiendo en un restaurante italiano de lo más sabroso.


Para empezar, sopa de almeja, servida en un tazón de pan.
Después pasta, mucha pasta.


Buonissimo.


Heidy, nuestra anfitriona, aún tiene su árbol de navidad, en espera de que alguien se apiade de él y se lo lleve a su descanso eterno. Como adorno, un gancho. Oh.


DeVillahermosa, salimos para Campeche, Campeche. Todo en el sur es veeerde... veeerde. Fertilísimo. Hay millones de plátanos.



Verde.


Y húmedo, y caluroso, por supuesto.


Las calles del centro campechano.


*Eso que empezó en Villahermosa, terminó en Campeche.






En Campeche conocimos los baluartes de la Ciudad y recorrimos el centro durante nuestra estancia, y tuvimos otro reencuentro con Gladiola, la mamá de mi mejor amiga ahora en Bochil, y su esposo. Días gratos como en familia con mucha comida caserita que ya extrañábamos.



Campeche solía ser tierra de piratas, por lo que hay baluartes y murallas que cuentan la historia de la ciudad.




Lotería en la plaza.


Raspado de cebada. En el sur se bebe mucho la cebada.


Hay gente que ama Campeche!


Con doña Gladiola, mamá de Gladiola.





2 may 2010

San Cristobal de las Casas

Sancris es uno de los lugares más bonitos en los que hemos estado, un poblado un poco más chic de lo esperado (galerías de arte, cafés, boutiques…), pero aún así pintoresco. Cada calle es una postal, las mujeres se pasean con unas faldas negras y peluchudas de lana (que por cierto se venden por ¡2 mil pesos!)y las calles están marcadas por graffiti que habla de revolución, libertad y EZLN. Llegamos una tarde lluviosa y como no nos pudieron dar hospedaje ese día, nos quedamos en un hostal altamente recomendable en el que pagas 50 pesos por noche (si reservas por internet) y es cómodo y ultralimpio, se llama Rossco Backpackers Hostel.
El pasaje comercial de San Cristobal.
Al día siguiente nos fuimos a casa de Rudy y Monika, unos anfitriones de 10 con los que nuestra experiencia fue altamente cultural y musical. El único incidente extraño que tuvimos al llegar a este lugar fue que un señor que vendía ropa en la calle Simojovel nos veía de lejos y cuando Aron intentaba tomar una foto de la calle se acercó y dijo algo así como “fghggd ghfrj saeye dfgdfh, dfgd sdhsdtys puebla ghdgsd mjmjmj”. Pudo haber sido tzotzil o quizá simplemente estaba loquito, no sabemos. Como le dijimos que no entendíamos, se alteró, repitió lo mismo y acto seguido le dio a Aron tal manotazo que la cámara salió volando y cayó en seco sobre el suelo (sin sufrir daños, afortunadamente). Qué hostilidad, pensamos. Pero nos dijeron que esto es realmente muy poco común… En fin.
¿No es Cristina una belleza?
Conocimos el Museo del Ámbar, que tiene una vasta colección de piezas. Ojo, para los que compren ámbar éste es el tip para distinguir el bueno del pirata: la resina es cálida al tacto, si les están vendiendo plástico, la sensación al tocarlo será de frío. Además, si tiene insectos grandes adentro, seguro es patito. Especialmente si tiene alacranes, porque en realidad –nos dijeron- sólo hay como seis en el mundo.
Bienvenidos al maravilloso mundo del ámbar.
Una marimba chiapaneca, ¡de ámbar!
Ámbar, ámbar, ámbar, ámbar. Con insectos.
El ámbar hay que examinarlo bien. ¡No se dejen engañar!
¿Traes plástico amarillo colgado de tu cadenita?
Rudy, Monika, Erika, nosotros.
En San Cristobal, hay perros.
Muchos perros.
En la noche fuimos a un concierto de jazz del grupo local Mono Aullador y saliendo nos llevaron por unas quesadillas exóticas: de fresa con flor de calabaza y setas, de chistorra con brócoli y crema y atoles de tamarindo con fresa y de mango. Si van por allá, este local -que ni nombre tiene- está atrás del mercado de los dulces, por la zona de la Facultad de Derecho. Todo mundo lo conoce.
Viva la revolución.
Además de recorrer la plaza y el mercado, es interesante conocer el museo de medicina maya, donde vimos un revelador y explícito video de la labor de las parteras en esta región del sureste. No quieren saber los detalles, créanme. En el museo se recrea la religiosidad de los chamulas, quienes combinan en sus ceremonias los ritos mayas con algo del catolicismo español. Los maniquíes que llenan el museo están realmente espantosos, como si esperaran que te distraigas para levantarse de donde estás y perseguirte…uuuhuuuuu.
Que viva México.
Según este espacio, en el mundo hay 300 mil plantas medicinales. De éstas, México tiene 30 mil y tan sólo en Chiapas hay 15 mil. Además del museo hay un jardín en el que cada planta tiene su nombre y para qué es utilizada. Toda una tarde de aprendizaje.
Típica escena sancristobalense.
Durante nuestra estancia ahí visitamos el Bar Itzkra donde una noche se reunió toda la comunidad francesa para escuchar tocar a Zumbido, una banda prendidísima de música estilo fusión de francesa-europea oriental-klezmer, antes de que saliera de gira. Lástima que no llevábamos la cámara porque fue realmente memorable.
Aquí hay algo de ellos, tomado de YouTube:
San Cristóbal ha sido un imán para muchos extranjeros que han llegado para quedarse, así que no es raro ver alemanes, gringos, españoles y franceses todo el día en todos lados.
Pura felicidad.
El sur de México es tierra fértil. En los mercados ves montones de frutas y vegetales.
Los mangos, parece que llueven del cielo. Siempre hay cubetas llenas.
***
RITOS, HOSTILIDAD Y COLA-COLA EN SAN JUAN CHAMULA
A media hora de San Cristóbal de las Casas está San Juan Chamula. Al llegar, se diría que es un pueblo como cualquier otro: la plaza, la iglesia, el mercado… Pero basta estar unos minutos ahí para darse cuenta de que no hay nada de ordinario en este sitio.
Para empezar, al llegar los niños asedian a los turistas vendiendo collares, bolsas bordadas y pulseras. Pero no aceptan un ‘no’ por respuesta. Insisten repetidas veces, persiguiendo a la gente por varios metros. Tras insistir, pasan del ‘cómprame’ al ‘te lo regalo, un regalo no se desprecia, ándale tómalo’. El incauto que reciba cualquier producto escuchará enseguida ‘ahora tú regálame 20 pesos’. Tras muchas negativas, los niños se alejan maldiciendo muy molestos, lanzando miradas de desdén y diciendo cosas como ‘pinches turistas, todos son iguales’. Inaudito. La gente de esta comunidad detesta a la gente de afuera, siempre y cuando no les compren nada. Si compran, igual los detestan, pero más discretamente.
Al llegar a la Iglesia nos bloquean el paso. Primero hay que pagar 20 pesos por persona. Regresas entonces al ayuntamiento y compras un boleto donde te advierten severamente y en tres idiomas que está TAJANTEMENTE PROHIBIDO tomar fotos adentro de la Iglesia, no es sólo el flash. CERO, NI UNA SOLA FOTO adentro de ese templo que parece una romería. En ciertos casos te advierten que una foto a ciertos personajes (independientemente de si estás en la iglesia o no) puede causar que te golpeen o hasta te quiten la cámara y te amarren. Aquí no hay sacerdote que valga, ni ley. La ley que rige es la del pueblo. Y punto. Si no te parece, es tu problema.
Al entrar no hay bancas como en cualquier iglesia tradicional, sino altares de santos dispuestos a los costados de la Iglesia, decenas de velas en el piso y hierbas. La gente llega en familia y trae consigo un kit de adoración a los santos, que se dice son en realidad antiguos espíritus mayas, como el espíritu de la tierra.
Entre otras cosas llevan: un gallo para balancearlo sobre las velas y el copal, que son el alimento de los dioses, agua, posh (destilado tradicional que puede ser de sabores afrutados) o coca colas y otros refrescos de sabores.
Los chamulas tienen una extraña relación con el refresco. Lo usan en sus ritos ceremoniales y creen que, tras tomar mucho refresco, cuando la persona eructa está expulsando demonios y enfermedades de su cuerpo.
Cuando nos alejamos de las calles del centro para conseguir algo de posh, a sugerencia de nuestro anfitrión, nos topamos con gente hosca de mirada recelosa.
Se dice que los chamulas tienen tan mal carácter que hay una frase que los alude, si tienes algún rasgo antisocial o mamila, en varias partes de Chiapas te dicen ‘ya, no seas chamula’, jajajaja. Y bueno, se dice que éste es el único pueblo que no pudo ser conquistado ni por los aztecas ni por los españoles.

La iglesia es precedida por un gran mercado.
Detalle del marco de la puerta de la iglesia (estilo típico chiapaneco).
Esta prenda se llama chuk.
Si me cachaban tomando esta foto, me madreaban.
EPÍLOGO: