9 mar 2010
7 mar 2010
Guanajuato
No sabíamos la que nos esperaba al llegar a Guanajuato. Tres chicas hicieron de nuestra estancia ahí días de inmensa felicidad: Las Trillizas de Guanajuatoville.
Llegamos a la casa de Gaby, Diana e Indira (más tarde bautizada como Mamá Indira porque no paraba de darnos de comer y consentirnos como si fuéramos sus hijitos) y fuimos recibidos con apabullante calidez. Las tres estudian artes en la Universidad de Guanajuato y son divertidas, inteligentes y amorosas.
La ciudad vista desde la estatua del Pípila.
Típico niño guanajuatense, alternando su tiempo entre ir a la escuela, inventarle historias y leyendas a los turistas para sacarles un billete (verde, de preferencia) y hacer suertes con el trompo.
Estando por la estatua del Pípila, caímos en la trampa que nos tendió un vendedor, quien nos dijo que no debíamos perdernos una visita a la Ex Hacienda de Cocheros, un lugar a las afueritas de la ciudad donde montaron un museo de tortura con presuntos aparatos medievales.
Como no estaba en el mapa de atracciones, y se encontraba más o menos alejado del centro "para turistas", pensamos que sería buena idea, pero al final no lo fue. El recorrido que apenas dura 10 minutos es bastante soso, y el lugar está más bien ambientado como casa de los sustos. Lo único valioso que aprendimos ahí fue que en los 20, al editor de algún periódico se le ocurrió una idea macabrona para atraer al turismo: retratar a las señoritas de sociedad con las momias de Guanajuato. El resultado son fotos grotesquísimas de mujeres bellas abrazando cadáveres. Espantoso.
La ciudad es la de siempre, una ciudad en la que reina el ambiente estudiantil y cada noche hay fiesta.
Aron se negaba a ir al Callejón del Beso, pero finalmente lo convencí y nos tomamos una foto sacándonos un moco, nomás para no ser tan clichés. ¿Lo más característico del Callejón del Beso? Tiendas de souvenirs en la entrada del callejón, tiendas de souvenirs en medio del callejón, una tienda de souvenirs en la planta baja de la casa y otra en la planta alta, junto al famoso balcón desde el cual los amantes pudieron o no haberse dado un legendario beso.
Como no estaba en el mapa de atracciones, y se encontraba más o menos alejado del centro "para turistas", pensamos que sería buena idea, pero al final no lo fue. El recorrido que apenas dura 10 minutos es bastante soso, y el lugar está más bien ambientado como casa de los sustos. Lo único valioso que aprendimos ahí fue que en los 20, al editor de algún periódico se le ocurrió una idea macabrona para atraer al turismo: retratar a las señoritas de sociedad con las momias de Guanajuato. El resultado son fotos grotesquísimas de mujeres bellas abrazando cadáveres. Espantoso.
La señorita Magdalena Moreno, hermosa muchacha de Guanajuato, en una "pose" de valentía y de estudio para "Tricolor". Fue fotografiada con una bien conservada momia del valioso museo necrológico de Guanajuato, en emocionante contraste.
Lo que hicimos en Guanajuato
Uno de esos días en Guanajuato convencimos a las chicas de no ir a sus clases y lo dedicamos simplemente a tontear en casa.
Nos tomamos fotos, nos reímos, cantamos canciones de 31 minutos hasta el hartazgo y tuvimos un día genial. Aron se dedicó a arreglar un sillón que estaba en calidad de muñeca fea, por aquello de que un bracito ya se le rompió.
2 mar 2010
Tlaquepaque
Hemos pasado un par de días bastante relajados con nuestros anfitriones Sergio y Susana, una pareja que también renunció a su trabajo para viajar (aunque ya regresaron y tienen nuevos trabajos). Ayer pasamos buena parte del día en Tlaquepaque, que actualmente es un lugar muy chic lleno de galerías de arte.

1 mar 2010
Tequila, Jalisco
Así fue que nos enteramos como nació el tequila: Resulta que los antiguos pobladores usaban del maguey sólo las hojas, y las piñas del centro las botaban. Un día cayó un rayo sobre un montón de piñas y las cocinó. Al probar el jugo que salía de ellas vieron que era dulce. Se dice que fue la Diosa Mayahuel quien les envió el rayo para que supieran los antiguos pobladores de los manjares que se estaban perdiendo. Por eso, cuando tomaban tequila y perdían el control de sus actos, creían que se les había metido Mayahuel. En fin, así nació el tequila.
El nombre original de este pueblo era Tequitlán, pero durante la conquista los españoles no podían pronunciar el nombre que finalmente simplificaron a Tequila. Tequitlan, por cierto, significa lugar donde se corta, porque ahí había obsidiana.
La próxima vez que se echen un caballito paladéenlo, dijo nuestro guía Chuy, ya que un agave tarda 10 años en crecer y el proceso para prepararlo es laborioso. Nos encaminamos a la Destilería Rubio.
Ahí, cortan las hojas del agave, cocen las piñas en un horno durante 18 horas y luego lo muelen para obtener el jugo de mezcal. (Para todo mal mezcal, y para todo bien, también).
La próxima vez que se echen un caballito paladéenlo, dijo nuestro guía Chuy, ya que un agave tarda 10 años en crecer y el proceso para prepararlo es laborioso. Nos encaminamos a la Destilería Rubio.
Ahí, cortan las hojas del agave, cocen las piñas en un horno durante 18 horas y luego lo muelen para obtener el jugo de mezcal. (Para todo mal mezcal, y para todo bien, también).
Siguió una degustación de los siguientes tipos de tequila: el blanco (ojo, bebedores: si no dice 100% agave, está mezclado con azúcar de caña y otras cosas. Es el tequila mezclado el que produce cruda – el puro es noble, y más rico); el “oro” (que en realidad es el mismo que el blanco pero pintado para que parezca reposado); y el reposado, que lleva menos de un año en la barrica. El añejo lleva de uno a tres años, o más, en la barrica… pero de ese no nos dieron, porque es el mejor.
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