9 nov 2010

Barcelona, Barcelona

BERLÍN-BARCELONA: EL RIDE QUE NO SE LOGRÓ.




Cuando salimos ese martes de Leipzig, al sur de Alemania, nuestro plan era viajar de ride lentamente hasta llegar a Barcelona, el jueves a más tardar.

Nunca imaginamos que unos días después terminaríamos en Nuremberg tomando un camión para hacer un viaje de 22 horas con un vecino de asiento tan brabucón que había estado en la cárcel por apuñalar a una persona y estuvo a punto de ser bajado del camión a madrazos por ebrio e impertinente.

De todos los lugares en los que hemos pedido ride, Liepzig ha sido uno de los puntos más difíciles. La primera vez, cuando intentamos ir desde ahí a Berlín, nos tomó toda una tarde, pese a que la distancia es apenas de 2 horas en carro. La segunda vez no tuvimos tanta suerte. Nos tomó un día y medio y mucho dolor de espalda, después de caminar por varios kilómetros con las mochilas a cuestas.

Terminamos en una camioneta con rumbo a Munich, destino que evitamos en aras de ahorrarnos lo caro, ya que acababa de terminar el Oktoberfest. En vez de eso elegimos Nuremberg, el primer error de una serie.
Llegamos de noche a esta ciudad medieval amurallada, el cansancio nos permitió apreciar poco la belleza de los edificios, la placita central y la catedral con gárgolas. Visitamos dos hostales sin éxito, uno estaba lleno, el otro era tan caro como un hotel. Nuestra petición de emergencia en CouchSurfing no funcionó. Al día siguiente intentamos planear otra ruta pero los trenes eran ridículamente caros, así que optamos por elegir un camión de Nuremberg a Barcelona, con muuuuuuuuuuuuuchas paradas.

Nuestro vecino de asiento era un español de 20 años. Traía consigo una botella de vodka porque “era su forma de viajar”: ponerse hasta la madre para luego poder dormir profundamente. Tenía pinta de delincuente juvenil de película, camiseta blanca entallada, cadena al cuello, boina, anillos y un aire de autosuficiencia. Como me dio una hueva tremenda chutármelo me hice la dormida (y finalmente acabé quedándome dormida). En cambio Aron se lo chutó todo el camino. Brindaron, comieron papitas, chocolates y galletas. Tres horas después el sujeto en cuestión estaba echando madres contra los choferes porque no ponían “la película que tienen que poner a las 9 de la noche”, porque “como clientes nosotros somos los reyes y ellos son nuestros esclavos, nos tienen que servir” y porque “choferes comemierda ni siquiera hablan inglés, deberían hablar inglés” (porque eran checos o algo así).

Total que harto de escucharlo gritar e insultar, el chofer que iba manejando se orilló en plena carretera, se paró de su asiento y fue a gritarle para que se callara mientras le picaba el pecho con su dedo índice. Un dramón. Todos los pasajeros veníamos con el ojo pelón. Luego de que el chofer regresó a su lugar, el chavo (Andrés, creo que se llamaba) seguía maldiciendo con su florido caló español (“me cago en tu madre”, “la puta que te parió”, “chofer comemierda”, lo cotidiano). Aron, con esa voz sobrenatural calmabestias que tiene, lo tranquilizó y lo convenció de que se durmiera.

El resto de la noche, Andrés alternó entre dormir y guacarear en el baño del camión. Asqueroso. En fin. Una hora antes de llegar a Barcelona, en un lugar llamado Lloret de Mar, se bajó del camión. Y adiós don Apuñalo-al-que-me-eche-bronca-y-me-empedo-en-los-camiones.

Ahora estamos en Barcelona, buscando chamba para ahorrar para el invierno, como las hormiguitas. Hemos dejado CVs en como 40 hostales y hemos hecho algunos trabajos. Aron ha ido de modelar desnudo para una pintora a actuar como extra de películas.

Barcelona nos ha devuelto el clima cálido que ya extrañábamos en Berlín y también otro tipo de calidez, la de la familia. Con Ana, el cuñao David y los sobrinitos Jordi y Simón hemos hecho papel de tíos, (algo nuevo para nosotros): nos estrenamos en la hechura de piñatas, jugamos, Aron hace de titiritero y ya hasta nos sabemos la coreografía de un monito llamado Pocoyó. Y en eso, hacerla de tíos y buscar trabajo, hemos invertido el tiempo que llevamos en Barcelona…


Bienvenidos a Barcelona, donde este perro vende flores a la vuelta de la casa de Ana.


¡Pero nunca olvidamos a Berlín! Aquí tenemos a Jordi (de espaldas) y a Simón (con su cara patentada de Simón) haciendo su imitación de un semáforo berlinés.


En Barcelona todo el mundo anda en moto.


En el metro encontramos la máquina de dulces más grande jamás.


En el barrio del Raval con el gatote de Botero.


Para quien no la conozca, ésta es mi hermanita Ana.
Como buena niña mexicana, es fan de los miguelitos. Como buen hermanito, le vine cargando una bolsa de miguelitos en la mochila desde que salimos de México. Flipó.
















Buscando trabajo. ¡Le entramos a lo que sea! Bueno, casi.
(Nótese la carpeta con currículums y la cara de desempleado.)


Bean.








Gracias güeritos, por conquistarnos, ahora tomen a nuestras mujeres y llévense nuestro oro.




En el Raval, Susanita lo vigila todo desde lo alto.


El feliz papá con sus felices hijos en la feliz resbaladilla.


Simón cumplió años y le hicimos una piñata de esas de globo y engrudo.






Por la Barceloneta... Barcelona tiene muchas playitas y ésta es la más concurrida por los turistas. A cada rato pasan tipos ofrecíendote, "¿cerveza?". Luego, en voz bajita, "¿hachís?"


Barceloneta.


Todo el mundo cuelga su ropa limpia de los balcones.




Al Simón le dieron esta coronita en la escuela por su cumpleaños.

Son unos PINGOS que no paran ni un minuto estos chamacos.


Era inevitable: la policía Playmobil la paró para ver que todo estuviera en regla.


Aquí los perros no pasan sed.


En Cataluña, la torta de huevo también sabe a huevo.


Vino el Papa aunque a muchos no les pareció (el letrero dice "yo no te espero".)






Ay ay ay AAAAAAY... canta y no lloooreeeees...




¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?


En la rambla de mar.

7 oct 2010

Auf Wiedersehen Alemania.

Después de dos meses en Berlín finalmente llegó la hora de partir. Fue difícil. Esta ciudad donde planeábamos pasar una semana y sobre la que no teníamos ninguna expectativa nos dio nuevos amigos, trabajos, días soleados y la oportunidad de disfrutar algo que ya extrañábamos: una casa.
Aquí aprendimos muchas cosas:
  • Que a los alemanes les debemos la invención del Pritt, el UHU (que por cierto significa búho), los pretzels (que en realidad se llaman brezels, aunque no lo crean), el pastel selva negra y los playmobils, entre otras cosas.


  • Que si hay un pan bueno, es el de Alemania. La variedad es extensa y el pan es pesado y compacto, delicioso.
  • Que el idioma es bastante complejo, desde las mismas palabras, que a veces son larguísimas, por ejemplo “acetona” se dice nagellackentferner (nagel=uña, lack=color, entferner=sacar). Además tienen una palabra increíble para describir el anhelo por destinos lejanos, el deseo por viajar: Fernweh.
  • Que muchos alemanes acostumbran beber cerveza al tiempo. El factor “bien muerta” no figura aquí, les da igual.
  • Que la cerveza puede venir en varios sabores, incluso el exótico plátano, o en mezclas con coca cola o refresco de limón (aunque la más tomada por todos sigue siendo la cerveza normal). Y algo más, es más barata que el agua.

 Cerveza con refresco de limón.
  • Que para los alemanes hacer pipí parado es antihigiénico y asqueroso, en varios baños hay incluso calcomanías que te indican cómo sentarte para hacer pipí.


  • Que en cualquier casa de Alemania siempre hay algo de IKEA, un sillón, una vajilla, un set de cuchillos… es la tienda favorita de todos por ser barata y al mismo tiempo de buena calidad, dicen. La tienda por cierto tiene su sede en Suecia.


  • Que los alemanes usan bolsas de tela, mochilas o cajas para guardar las compras del súper, nada de bolsas de plástico, aquí todo es ecofriendly.
  • Que para curarse la jarra, los berlineses comen kebaps o salchichas a las 2 de la mañana y se hidratan con Club Mate, una bebida alta en cafeína.


  • Que como extranjero puedes arriesgarte a viajar en el metro sin pagar boleto, pero si te cachan (como nos pasó), no hay manera de que juegues a ser el turista distraído: no librarás la multa personal de 40 euros.Nosotros decidimos tomar el riesgo y por varias semanas todo marchó bastante bien, pero un día casi al final nos cayó el checador, que obvio viene de incógnito, sin uniforme ni nada, y nos puso la multa cuando tratamos de darle un boleto de recorrido corto (válido sólo para viajar tres estaciones). Haciendo números, pagando el metro diario hubiéramos pagado muchísimo más que esos 80 euros de la multa, así que finalmente no estuvo tan mal.
  • Que el Kit Kat Club tiene una fama bien ganada. Pasamos una de las noches más divertidas y reveladoras en este lugar en el que puedes ver lo que sea: desde un tipo disfrazado con capucha de verdugo, collar de picos y látigo hasta un hombre ataviado de Cardenal que rola su incensario de mota. La experiencia es tan intensa como lo decidas, porque además de ser un club donde todo (osea, TODO, sí, lo que piensen) se vale es una discoteca para bailar hasta el amanecer.
  • Que Berlín es una ciudad con un magnetismo especial, no sabemos si es por la cantidad de gente joven que la habita, por todas las cosas que hay que hacer cada fin de semana o porque simplemente sientes que puedes vivir la vida como te plazca.
En fin, se acabó Berlín por ahora, pero volveremos.


Bebida horrorosa y azucarada, mezcla de cola y refresco de naranja.


Los cafés que se compran en el piso donde vivimos. De izquierda a derecha, entre más pobre esté la banca, más pinche es el café.


Y dado que es un piso que alberga a muchos viajeros, también es diáctico.


Algunos de los que han vivido ahí (versión Trainspotting).


Detalle de la decoración.


Típica escena berlinesa.






Vendedores de salchichas ambulantes en Alexanderplatz.


Neukölln, donde viven muchos inmigrantes.


Uno de los últimos días nos lanzamos a Potsdam con Guenia y Max.


En el centro de Potsdam está la residencia de caza de Federico Guillermo I. Está conformada por varios palacios y jardines como de cuento.


 
Picnic.




Saliendo de Berlín!



DE BROCHA GORDA EN LEIPZIG
Finalmente dejamos Berlín, pero antes de irnos definitivamente de Alemania, pasamos unos días en Leipzig, en el departamento al que se acababa de mudar nuestra amiga Juana, donde viviría con nuestra amiga Indira, quien llegó unos días después. Les echamos una mano con la pintada y la instalada..





Dándole a la talacha.


Juana y su amigo Hans, el milusos más milusos de la ciudad.


Y que siga y que siga la música.


Hans rock star.


Pastelitos típicos de Bavaria, incluyendo el Selva Negra (der.).


De rol por las calles del barrio de Juana.


















Finalmente llegó Indira con una camioneta llena de cosas.


Fue a inspeccionar su nuevo cuarto y lo encontró muy agradable.


Esa noche, Mariana se lució con una tortilla española.


Mi comadre Indira!


Mi comadre Juana!