10 ene 2011

Tiempo de recuentos

Estamos a casi un año de haber iniciado este viaje, y bueno, dejaríamos de ser humanos si no hiciéramos recuentos, después de todo, somos eso, memoria, momentos, recuerdos. Desde que nos lanzamos a la aventura el 6 de febrero pasado han pasado muchas cosas.

En la burbuja global México le ganó a Francia 2-0 en un partido del mundial, dejaron de existir José Saramago, Carlos Monsiváis y Germán Dehesa (tres escritores que admiramos), Mexicana dejó de volar y el mundo enloqueció con los wikileaks.

En nuestra burbuja personal, salimos a recorrer el mundo, conocimos extraños que ahora son algunos de nuestros mejores amigos, viajamos de ride por Europa, Berlín nos dio la sorpresa de nuestra vida por ser una ciudad increíble, descubrimos que sí existe gente buena, generosa y desinteresada en el mundo, y nos descubrimos un poco más a nosotros mismos, al convivir 24 horas continuas por –hasta hoy- 11 meses y cuatro días… y ¡sobrevivimos!

Y como se trata de que nuestras experiencias les sirvan también a todos nuestros amigos y familiares que siguen el blog, y a aquellos que se han topado con él de casualidad y les gusta viajar, les lanzamos una serie de recuentos:

1. Las cosas más (y menos) útiles que hemos cargado en nuestra mochila durante casi un año:

Lo que más nos ha servido: Pluma, libreta y marcador negro; linternas; analgésicos y medicinas para la gripa; plantillas para los tenis (cuando pasas un año con los mismos zapatos y estrenas plantillas es casi como te pusieras unos zapatos nuevos, la sensación es incomparable, de verdad); aguja e hilo (todo se rompe cuando viajas, la mochila, los pantalones, las chanclas, todo); bloqueador solar, al menos un par de calcetines gruesos (nunca sabes cuándo vas a acabar hecho una sopa y lo único que tendrás para cubrir tus pies fríos serán unos calcetines pachoncitos), la cámara fotográfica y por supuesto la minicomputadora portátil, sin la cual registrar todo esto sería imposible.

Lo que menos nos ha servido: Medicinas para la diarrea (cosa muy recomendada por los viajeros en general, no nos han hecho falta), candados de bicicleta (pese a que las guías de viajeros los recomiendan para atar tu mochila cuando viajas de noche nunca los utilizamos y terminamos dejándolos en una calle llena de bicicletas en Colonia, hace unos meses), candados de combinación numérica, (el mismo caso, los utilizamos una sola vez en un hostal en San Cristóbal de las Casas, la mayoría de los hostales cuentan con este servicio), gas pimienta (afortunadamente nunca lo hemos tenido que utilizar), ropa pesada (no importa cuánto te gusten tus jeans o ese suéter, si pesa, terminarás dejándolo a unas cuantas semanas de salir a mochilear. Lo que se hace es, cuando tienes frío, te pones varias capas de ropa).

2. Algunas de nuestras experiencias más memorables (de las que se pueden contar):

Caminar por los campos de agave de Tequila, Jalisco; nadar en cenotes; comer en Oaxaca y Mérida (todo es delicioso); esa noche pacheca en las montañas de San José del Pacífico, Oaxaca; atestiguar una de las expresiones más tétricas de la religiosidad pueblerina al unirnos a la procesión fúnebre de un sastre por las oscuras calles de tierra de Ocotlán, Oax.; dormir bajo las estrellas en la playa de Mazunte, ver luciérnagas marinas entre las olas de playa Azul; que nuestra anfitriona de Bruselas nos prestara su casita en Gent para pasar unos días solos, conseguir un ride de Brujas (Bélgica) hasta la estación del metro de Londres, cantar en el escenario de la Caverna (Liverpool) “I want to hold your hand”; experimentar la tolerancia de Amsterdam; ser sorprendidos por una torrencial lluvia en Giessen, Alemania, mientras visitábamos lo que fue una antigua base militar nazi; acampar tres días en el festival de Woodstock, en Polonia; visitar el legendario Kit Kat Club de Berlín, ciudad en la que, sin buscarlo ni esperarlo, terminamos viviendo dos meses; actuar en el Rocky Horror Picture Show Berlín, con un casting alemán; pasar 22 horas en un autobús tomando vodka con un delincuente juvenil mientras escuchábamos sus historias de apuñalamientos y, finalmente, vivir una intensa convivencia familiar en Barcelona, donde hemos sido modelos de artistas, extras de cine, pintores de brocha gorda, correctores de textos, niñeros y agentes inmobiliarios. Y desempleados.

3. Algunas cosas que hemos aprendido:

A poner las cosas en perspectiva; a viajar de ride por carretera; a no decir no y estar más abiertos que nunca a probar cosas nuevas; que la solución para que algo te deje de dar miedo es hacerlo; que nada es demasiado grave para no tener solución; a cocinar desde platos mochileros como arroz con berenjena hasta especialidades como la tortilla de patatas o los tallarines orientales; a decir salud en muchos idiomas; a tener tolerancia; a pintar departamentos (en Leipzig) y a cobrar por eso (en Barcelona); y que el karma funciona.


¡Gracias por leer nuestro blog, los queremos! Ahora, algunas fotos, escenas y retazos del último mes:


Simón. Último día de Januca.


La parte favorita de todos cuando Ana cuenta su versión de la historia de Januca: "¡milaaaaaagro!"


Esperando que abrieran las oficinas de Actors Gallery, tras la hora de la comida (sí! Aquí todos los negocios cierran como dos horas para comer), para cobrar una de mis chambas de extra.








La vista desde casa.






Autorretrato con cagatió.


En Cataluña, el cagatió trae juguetes en las fiestas decembrinas. Es un tronco. Le cubren el trasero con una manta y durante varios días le dejan comida para que engorde y haga digestión. Llegado el día cero, los niños le pegan con un palo y oh! El cagatió caga regalos! Es cierto, lo vimos, existe.


Y cagó montones de regalos.




Esta vela tiene forma de galet. El galet es un tipo de sopa de pasta que se come tradicionalmente en diciembre.


El caganer: ¡otra escatológica tradición catalana! En los nacimientos siempre se pone uno de estos, fertilizando la tierra. Es todo un símbolo regional.


Turrón.


Después de la comida de Navidad (aquí el día bueno es el 25, la Nochebuena casi no la pelan) los niños cantan canciones y recitan poemas a cambio de algunas monedas.






Siguiendo con el recuento de fiestas: feliz año nuevo.


Ana compró unos kits de fiesta que inexplicablemente contenían colmillos de vampiro.


¡Salud!


Primero de enero en la playa de Barcelona.


Paz y tranquilidad, por fin terminó diciembre.


La verdad, ¿hay mejor manera de empezar el año? Bien por él.


Llegó el tres de enero y nuestro cuñaaaaaao cumplió 41 añitos. Para celebrar Mariana le hizo su -ahora famosa- tortilla española. Nótese el número 41 hecho de aceitunitas.


Nuestra amiga Julia estuvo unos días de visita desde Colonia, y la llevamos con Coco, la perra vendedora de flores, quien estaba muy ocupada y no la pudo atender.


Pan! Queso! Vino barato! Libertad!


Todo por servir se acaba, RIP, esos pantalones, no los olvidaremos.


Oh no, se va a comer a Mariana.


La última tradición consumista de la temporada es el día de reyes, que en Cataluña es GRANDE. La noche anterior hay un gran desfile (o más) en el que los reyes llegan desde el mar, para repartir juguetes. La mañana del 6 de enero la familia entera va por toda la casa desfilando y cantando mientras buscan dónde dejaron los juguetes, ¿será aquí? ¡¿Aquí?! Finalmente llegan al lugar y hostia cuántos juguetes han dejado!!!

6 dic 2010

10

Hoy cumplimos 10 meses de viaje.

Lunes 6 de diciembre del 2010. Estamos de puente (bueno, los que tienen trabajo están de puente) porque es Día de la Constitución española y el 8 de diciembre es Día de la Virgen con lo que todo el mundo regresa a la vida normal el jueves. Aún así, al vivir en Barcelona no se tiene esa sensación de que la ciudad está vacía, como ocurre en el DF o Monterrey cuando hay puente. Aquí la gente parece que se multiplica.

La Plaza Cataluña cada noche es una locura y el metro que te lleva a las ramblas va tan atascado que me recuerda al metro Hidalgo a las 8 de la mañana en un día laboral cualquiera en el DF. Casi no hay vendedores en el metro, sólo nos ha tocado ver un chico que vende encendedores y gente que literalmente canta su pobreza y le pone una tonadita improvisada a estribillos como “yo muy pobreeeeee, enfermaaaaa, signoooor, signoooraaa, ayudaaaaa”. Gitanos, pensamos. Barcelona es una maraña de inmigrantes: argentinos (muchiiiiiiísimos, un mogollón tío), indios, italianos, canadienses, polacos, húngaros, paquis, franceses, alemanes, venezolanos, peruanos, paraguayos, mexicanos… todos estamos aquí.

El desempleo (el paro, tío) es implacable. Las pocas oportunidades que pudieras vislumbrar se esfuman cuando te das cuenta de que o parlas catalán o parlas catalán. La vida no es fácil. Afortunadamente, hemos tenido algunas chambas (curros, tío), entre éstas posando para artistas, Aron figurando como extra en películas y de unos días para acá somos pintores de brocha gorda. El trabajo edifica y no es por nada pero somos bastante buenos, tal vez esa sea nuestra nueva profesión, al menos lo será durante todo lo que resta de este año.

Al establecernos en un barrio obvio recuperas un poco esa sensación de estar en casa, del terruño. Nos hemos vuelto asiduos asistentes a la Filmoteca de Cataluña, por ejemplo, que queda a 10 minutos de casa y donde por sólo 2.70 euros puedes ver cine de arte (muchas veces con música en vivo lo cual es genial). El cine comercial está por ahora fuera del alcance de nuestro bolsillo, porque 7.50 euros por boleto sí dañan la economía familiar, y tampoco es que lo extrañemos tanto, ya habrá tiempo de ver la última de Harry Potter.
La comunidad couchsurfera local es chida (maja, tío, maja) , nos ha traído a gente como a Aviva La Loca, nuestra heroína personal que atraviesa países de ride en sólo unos días y sabe realmente como disfrutar la vida. Y también a algunos viajeros que van de paso pero que resultan inolvidables, justamente esta semana conocimos a Tere y Juan Pablo (o Tereso, como se hace llamar a veces, jo) una pareja de madrileños que son la neta (la pera, tío, la pera).

El invierno transcurre frío, pero aún nos quedan algunos días de sol. Mañana se esperan 19 grados y eso sólo significa una cosa: ¡picnic en la playa!




Un día que yo tenía trabajo y Mariana no, se fue a dar una vueltecita por el Park Güell.


Una de las famosas estatuas humanas, emulando a la lagartija de Gaudí, a la entrada del Park Güell.










Mientras tanto, yo me encontraba en el set de "Barcelona, Ciudad Neutral", vestido de barcelonés pobre de 1914.

Típica banquita callejera.


Autorretrato con perro cagando.


Ella es Carmen Miranda. Un día organizó un flashmob (para las tres personas que aún no lo sepan: un flashmob es cuando de manera semi improvisada un montón de gente se junta repentinamente en un lugar público para bailar, congelarse, darse almohadazos o lo que sea durante unos minutos y luego se dispersan). En este caso, la idea era bailar conga.





Después hubo manifestación en la Plaza Cataluña.




Ella es Andrea; mexicana radicada temporalmente en Francia. Estuvo unos días en Barcelona y nos divertimos una noche charlando e intentando adivinar si una mujer era mujer u hombre.





Ana cumplió años, y para comenzar el día le hicimos molletes para desayunar (cabe mencionar que los frijoles son un lujo en Barcelona).


Cuando tienes hijos, nunca le soplas a las velas solo.


Finalmente, el cumpleaños terminó en un restaurante japonés comiendo sushi, la comida favorita de Ana en todo el mundo.


Tan bonitos, los hermanitos...


Hay días en que hasta los súperheroes se aburren.


Actualmente se exhibe en la ciudad la selección de World Press Photo 2010 de foto periodística, y obviamente la fuimos a ver.












Por cierto, ¡feliz Jánuca para todos!


Ellos son Tere y Juan Pablo. Hemos hecho picnic, ido a tomar café, tenido sesión de análisis grafológico, ido a un bar, comido pollo, comido kebab, comparado las particularidades del español de España y el de México, paseado y tenido interesantes y divertidas conversaciones. ¡Y nos conocimos el sábado!


Muy majos, estos tíos.


También nos hemos derramado cerveza encima.




El Café Zurich es uno de los puntos de encuentro obligados en Barcelona. Súper bien ubicado (saliendo del metro Plaza Cataluña) y muy caro. ¿Cómo diferenciar a un turista de un local?
El turista se mete al café; el local se encuentra afuera con sus amigos y se va a otro lugar.


Teresa se desquició un poco. Pero ya está bien.